Los ojos de la eternidad

Nýcolas

Poeta asiduo al portal
En lo más antiguo del Templo Maya, cuna de la fuente de la vida,
¿Existen las serpientes con espinas? ¿El veneno perfumado
Con sabor a sándalo? ¿El parpadeo del cerezo en un amanecer iraní?

Cuando a un océano se le escapa una gota se quiebra el yuyo.
El irremediable deseo de la infinita ilusión, el iceberg solitario.
Estepa dorada de noventa y nueve soles caídos: un desierto.

Con el Imperio Persa cayeron los últimos magos, con Babilonia
Los últimos genios, pero sin embargo el Sol nace de Oriente.
Hoy hay varas que escriben el destino, y plumas que lo dan a volar.

Si yo tuviera en mi mano la cabeza de un titán, ¡escuchad!,
¿Podría hacerle un bien al mundo exprimiendo su sangre?
Hay cuellos que hablan bajo tierra, no es mi deber molestar

A los cadáveres, ¡oíd la voz de los astros!, que terribles
Nos vigilan desde el cielo, negro cielo, manto de todas
Las estrellas; un cuarto menguante en el ojo de la noche,

(El ilusionista dibuja una sombra en el corazón de la doncella)
Ficticia cicatriz que apareces y desapareces en la Nocturna,
Que aunque bella, sólo un fragmento brillas en lo eterno:

Fantasía de Medianoche; hambre de dioses y de muertos.
Siempre supe que Asiria fue el asilo malvado del Silente,
A capa y espada y refulgente, siempre vi la vela en su esplendor.

Hay veces que nos encontramos al borde del abismo... y,
Nos preguntamos, si es necesario arrojarse para comprenderlo.
Hay voces que nos llaman, y el crujir de una mirada

No nos es indiferente, jamás. ¡Oh, Artemisa que me acompañas
A través de las Cuatro Estaciones por el ignoto bosque
En las profundidades de mi alma!; siento los pasos del león.

Quiero la corona. Ya la tengo. No la necesito. Percibo un Nadie
En el esgrafiado cielo, y en un cuarto creciente me sonríe
La noche y la maravilla: «De nada sirve decir Adiós.»

¡Oh! ¿Lluvia cósmica o un caer de sin fin estrellas? ¡Oh...!
¿Derrite el universo sus leyendas o sólo es su pintura?
¿Son once romboidales reinos los que flotan en el primoroso seno?

Escucha, hermano, ¿qué darías por un instante en el paraíso?
Por el girasol que nos calienta y el rosedal que nos aguarda,
Cual oceánica perfumería de perfectos: limpia - aroma - agua.

Ignífuga égida de omóplato forma cargo en el extremo rosa,
Llevo el filo del Sol en el brazo del juicio; fabulosa inscripción
En el mango de marfil, mágicas palabras en el sánscrito etéreo.

Condeno a mis oponentes al infierno. No es mi deber mandar
A nadie allí arriba, donde solitario mora el Sol en su trono,
El rey me ilumina y qué sería el rey sin a quién iluminar;

Menudas veces la espada es un espejo, pues es Zaratustra
Quien nos habla con el filo y con la pluma, magnánimo eremita
Temple de montaña, hálito de planicie y río de su fluir.

Un espíritu que vuela sin alas hacia mis aposentos arriba,
Ni hostil ni amoroso, ni parásito ni vil, reservado en su sosiego
Y de apacible añil, imposibles palabras pronuncia, impasible,

Ya son casi mil, y sólo fueron amigas, compañeras eternas
Del viento, amantes del destino, fueron en su dicha, lo que son:
En fructífero romaní a nuestra sagrada bendición; que así sea.
 
Última edición:
Nýcolas;4384813 dijo:
En lo más antiguo del Templo Maya, cuna de la fuente de la vida,
¿Existen las serpientes con espinas? ¿El veneno perfumado
Con sabor a sándalo? ¿El parpadeo del cerezo en un amanecer iraní?

Cuando a un océano se le escapa una gota se quiebra el yuyo.
El irremediable deseo de la infinita ilusión, el iceberg solitario.
Estepa dorada de noventa y nueve soles caídos: un desierto.

Con el Imperio Persa cayeron los últimos magos, con Babilonia
Los últimos genios, pero sin embargo el Sol nace de Oriente.
Hoy hay varas que escriben el destino, y plumas que lo dan a volar.

Si yo tuviera en mi mano la cabeza de un titán, ¡escuchad!,
¿Podría hacerle un bien al mundo exprimiendo su sangre?
Hay cuellos que hablan bajo tierra, nos es mi deber molestar

A los cadáveres, ¡oíd la voz de los astros!, que terribles
Nos vigilan desde el cielo, negro cielo, manto de todas
Las estrellas; un cuarto menguante en el ojo de la noche,

(El ilusionista dibuja una sombra en el corazón de la doncella)
Ficticia cicatriz que apareces y desapareces en la Nocturna,
Que aunque bella, sólo un fragmento brillas en lo eterno:

Fantasía de Medianoche; hambre de dioses y de muertos.
Siempre supe que Asiria fue el asilo malvado del Silente,
A capa y espada y refulgente, siempre vi la vela en su esplendor.

Hay veces que nos encontramos al borde del abismo... y,
Nos preguntamos, si es necesario arrojarse para comprenderlo.
Hay voces que nos llaman, y el crujir de una mirada

No nos es indiferente, jamás. ¡Oh, Artemisa que me acompañas
A través de las Cuatro Estaciones por el ignoto bosque
En las profundidades de mi alma!; siento los pasos del león.

Quiero la corona. Ya la tengo. No la necesito. Percibo un Nadie
En el esgrafiado cielo, y en un cuarto creciente me sonríe
La noche y la maravilla: «De nada sirve decir Adiós.»

¡Oh! ¿Lluvia cósmica o un caer de sin fin estrellas? ¡Oh...!
¿Derrite el universo sus leyendas o sólo es su pintura?
¿Son once romboidales reinos los que flotan en el primoroso seno?

Escucha, hermano, ¿qué darías por un instante en el paraíso?
Por el girasol que nos calienta y el rosedal que nos aguarda,
Cual oceánica perfumería de perfectos: limpia - aroma - agua.

Ignífuga égida de omóplato forma cargo en el extremo rosa,
Llevo el filo del Sol en el brazo del juicio; fabulosa inscripción
En el mango de marfil, mágicas palabras en el sánscrito etéreo.

Condeno a mis oponentes al infierno. No es mi deber mandar
A nadie allí arriba, donde solitario mora el Sol en su trono,
El rey me ilumina y qué sería el rey sin a quién iluminar;

Menudas veces la espada es un espejo, pues es Zaratustra
Quien nos habla con el filo y con la pluma, magnánimo eremita
Temple de montaña, hálito de planicie y río de su fluir.

Un espíritu que vuela sin alas hacia mis aposentos arriba,
Ni hostil ni amoroso, ni parásito ni vil, reservado en su sosiego
Y de apacible añil, imposibles palabras pronuncia, impasible,

Ya son casi mil, y sólo fueron amigas, compañeras eternas
Del viento, amantes del destino, fueron en su dicha, lo que son:
En fructífero romaní a nuestra sagrada bendición; que así sea.


Nýcolas:
Me agrado mucho la lectura, muchas imágenes y recordé algunos pasajes, algo de historia impregnada. Se siente bien cuestionar. Algunas partes son, magníficas. Gracias por compartir, estrellas, abrazos y besos desde acá♥

Cuando a un océano se le escapa una gota se quiebra el yuyo.
El irremediable deseo de la infinita ilusión, el iceberg solitario.
Estepa dorada de noventa y nueve soles caídos: un desierto.

Si yo tuviera en mi mano la cabeza de un titán, ¡escuchad!,
¿Podría hacerle un bien al mundo exprimiendo su sangre?
Hay cuellos que hablan bajo tierra, no es mi deber molestar.

Hay veces que nos encontramos al borde del abismo... y,
Nos preguntamos, si es necesario arrojarse para comprenderlo.
Hay voces que nos llaman, y el crujir de una mirada.

Condeno a mis oponentes al infierno. No es mi deber mandar
A nadie allí arriba, donde solitario mora el Sol en su trono,
El rey me ilumina y qué sería el rey sin a quién iluminar;

 
Nýcolas;4384813 dijo:
En lo más antiguo del Templo Maya, cuna de la fuente de la vida,
¿Existen las serpientes con espinas? ¿El veneno perfumado
Con sabor a sándalo? ¿El parpadeo del cerezo en un amanecer iraní?

Cuando a un océano se le escapa una gota se quiebra el yuyo.
El irremediable deseo de la infinita ilusión, el iceberg solitario.
Estepa dorada de noventa y nueve soles caídos: un desierto.

Con el Imperio Persa cayeron los últimos magos, con Babilonia
Los últimos genios, pero sin embargo el Sol nace de Oriente.
Hoy hay varas que escriben el destino, y plumas que lo dan a volar.

Si yo tuviera en mi mano la cabeza de un titán, ¡escuchad!,
¿Podría hacerle un bien al mundo exprimiendo su sangre?
Hay cuellos que hablan bajo tierra, no es mi deber molestar

A los cadáveres, ¡oíd la voz de los astros!, que terribles
Nos vigilan desde el cielo, negro cielo, manto de todas
Las estrellas; un cuarto menguante en el ojo de la noche,

(El ilusionista dibuja una sombra en el corazón de la doncella)
Ficticia cicatriz que apareces y desapareces en la Nocturna,
Que aunque bella, sólo un fragmento brillas en lo eterno:

Fantasía de Medianoche; hambre de dioses y de muertos.
Siempre supe que Asiria fue el asilo malvado del Silente,
A capa y espada y refulgente, siempre vi la vela en su esplendor.

Hay veces que nos encontramos al borde del abismo... y,
Nos preguntamos, si es necesario arrojarse para comprenderlo.
Hay voces que nos llaman, y el crujir de una mirada

No nos es indiferente, jamás. ¡Oh, Artemisa que me acompañas
A través de las Cuatro Estaciones por el ignoto bosque
En las profundidades de mi alma!; siento los pasos del león.

Quiero la corona. Ya la tengo. No la necesito. Percibo un Nadie
En el esgrafiado cielo, y en un cuarto creciente me sonríe
La noche y la maravilla: «De nada sirve decir Adiós.»

¡Oh! ¿Lluvia cósmica o un caer de sin fin estrellas? ¡Oh...!
¿Derrite el universo sus leyendas o sólo es su pintura?
¿Son once romboidales reinos los que flotan en el primoroso seno?

Escucha, hermano, ¿qué darías por un instante en el paraíso?
Por el girasol que nos calienta y el rosedal que nos aguarda,
Cual oceánica perfumería de perfectos: limpia - aroma - agua.

Ignífuga égida de omóplato forma cargo en el extremo rosa,
Llevo el filo del Sol en el brazo del juicio; fabulosa inscripción
En el mango de marfil, mágicas palabras en el sánscrito etéreo.

Condeno a mis oponentes al infierno. No es mi deber mandar
A nadie allí arriba, donde solitario mora el Sol en su trono,
El rey me ilumina y qué sería el rey sin a quién iluminar;

Menudas veces la espada es un espejo, pues es Zaratustra
Quien nos habla con el filo y con la pluma, magnánimo eremita
Temple de montaña, hálito de planicie y río de su fluir.

Un espíritu que vuela sin alas hacia mis aposentos arriba,
Ni hostil ni amoroso, ni parásito ni vil, reservado en su sosiego
Y de apacible añil, imposibles palabras pronuncia, impasible,

Ya son casi mil, y sólo fueron amigas, compañeras eternas
Del viento, amantes del destino, fueron en su dicha, lo que son:
En fructífero romaní a nuestra sagrada bendición; que así sea.

Intensa poesia donde la historia acude a la sombra lisa del misterio
de nuestra presencia y preguntas. felicidades. un gran poema de variaciones
cuarteadas entre la historia. felicidades. luzyabsenta
 
Gracias, Luzyabsenta. Cuando quieras, compartimos una copa de ajenjo, sir.
 
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