Oscar Gomez Garcia
Poeta recién llegado
Los ojos del faro,
lloran de noche y de día,
porque se siente en desamparo,
desde que se fundió su bombilla.
Él, que antes guiaba a los barcos,
con su enorme sonrisa,
ahora los ve alejados,
al acercarse a su marisma.
Le es indiferente su camino,
ni le importan sus bramidos,
ni cuantos navegantes perdidos,
ha visto ya pasar,
porque el sigue sumido,
en su triste soledad.
El faro está solitario, en algún lugar
que el mar ha enterrado sin piedad,
desde que se marchó su alegría
y a yates y veleros,
los guía a otra orilla,
ya sin ilusión ni su gran sonrisa,
sin otra razón, la cual a su soledad le remita.
Porque ya no busca en el amor,
la que fue la clave de su alegría,
pero si una dulce voz,
que con su corazón, de nuevo le de vida...
lloran de noche y de día,
porque se siente en desamparo,
desde que se fundió su bombilla.
Él, que antes guiaba a los barcos,
con su enorme sonrisa,
ahora los ve alejados,
al acercarse a su marisma.
Le es indiferente su camino,
ni le importan sus bramidos,
ni cuantos navegantes perdidos,
ha visto ya pasar,
porque el sigue sumido,
en su triste soledad.
El faro está solitario, en algún lugar
que el mar ha enterrado sin piedad,
desde que se marchó su alegría
y a yates y veleros,
los guía a otra orilla,
ya sin ilusión ni su gran sonrisa,
sin otra razón, la cual a su soledad le remita.
Porque ya no busca en el amor,
la que fue la clave de su alegría,
pero si una dulce voz,
que con su corazón, de nuevo le de vida...
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