Los poetas no se mueren…

AUGUSTO SILVA ACEVEDO

Poeta veterano en MP
LOS POETAS NO SE MUEREN…

Responso por la muerte de Facundo Cabral...

Del semillero brillante, de esos que ensayan,
con el alma, para sonreírle al Rey supremo,
germinaron seis sirgas encima de un túnel,
oscuro y sin nombre, y con cuatro o seis
progresiones, y un par de cuerdas vocales
entonaron a la vida, desde el corazón diáfano,
de un niño que jamás quiso llegar a ser adulto
y menos humano. Con una vocación de servicio,
marchó a los nueve años, por esos rudos caminos
para pedir al mundo una congruencia sublime.
Particularmente la oportunidad no era en su beneficio.
Ni un solo birrete le abrió las puertas, sin embargo,
coreó sin púlpito y sin agua bendita en beneficio
de la niñez, y de las madres, de los despojados
y de esos que nunca pudieron beber la fe natural,
cantó por Cristo y fue fe y fue vida a la vez,
aprendió a emular sin pretender, tener, jamás, la
verdad de los hombres. Esa anuencia que pierde…
Amó intensamente hasta la muerte, no se hacía
acompañar de ningún amigo, sin embargo tuvo
hermanos por todos lados. Robó a Tagore, sus
mejores flores para sembrarlas en su guitarra amiga;
y desde ahí brotó el amor, la bohemia, el ensueño,
y aprendió a emular versos del Alcorán, y a Aristóteles,
y quiso ser más pobre que Diógenes, consagró su voz
y sus colores para alumbrar en su canto, lo que había
Aprehendido en los caminos de la vida, para evitar
la ignorancia, enemiga acérrima de su historia pasajera.
Imposible eludir su mensaje, nombró a Borges, y fue
enfático al decir que su mejor distracción era
encubrirse en que no había más dios que el Dios
de la vida, el que lo sostenía en una congregación
fiel, y fue como Muhámmad, ese apóstol directo
de Dios, y a su servicio, puso seis cuerdas brillantes,
de guitarra, para cantarle al mundo y a la ignorancia.
Inopia que le destrozó su espíritu soñador y sublime.
Viajó sin maletas y un semoviente le donó un abrigo
eterno, se adornó del sol y amó a la mujer humilde.
Pasando de página en página a las alas de las aves
de colores, encontró el amor y lo perdió, como se
pierde una rayuela en una tarde soleada; normalmente,
lloró como lloran los hombres, como lloran los niños,
y en su afán de encontrarse con su seres amados,
amó también ocho balas de plomo que segaron su canto.
El color de los pájaros dijo, y fue fecundo en el afán
de compartir, y contó el Qurán, la Biblia, Isaías,
y pensó que era la sustancia de ese Qurán bendito
en forma de hombre y guitarra y de guitarra y alma.
Comentó a Platón y se lo bebió entero, para analizar
como en un espejo sin raíces, al mundo atroz, cantó,
las maravillas naturales, ballenas azules bailaban
en su nombre y las águilas y cóndores de los Andes,
envolvían su ropaje, cuando lo veían pasar como un
peregrino y las marsopas de color de rosa, sonreían
cuando humedecía sus pies en el Amazona inmenso
y golpeado por la ambición y la ignorancia de siempre.
En Iskandar, grabó en sus murallas un nombre, supremo.
Dios lo arropó de alas y como Abulcásim, narraba
ciertos silogismos, que humedeció en el Guadalquivir,
antes de darlos a conocer, porque sus argumentos,
además de Do mayor, necesitaban raíces frescas.
En su Poética siempre hubo amor y humor también.
En sus versos, palpitaban los ríos dolientes, y le punzaban
los comercios lóbregos y la compra de armas, aún,
cuando en la mesa de la miseria campeaba el hambre.
Extrañamente nunca cargó llaves de ningún tipo,
todas los umbrales se abrían con su sonrisa,
el color de las aves y sus propias alas, no conocían
fronteras, nunca fue extranjero en ningún lugar,
su casa eran los teatros. En Yemen bebió la luna,
en Bengala amó otra luna, pero con la misma
guitarra cantó en ambas tierras y fue bienquisto.
recorrió muchos climas y muchas tierras,
y fue ungido por su verbo, sincero, vio de todo
y contó historias dignas de crédito que a algunos
incomodó. Su calvario, no fue corto, sangriento
y destructor, como atroz, es la mente humana,
los actos de la ignorancia, se excedieron contra
su pasión azul, esa noche sin abecedarios previos,
alguien lo motejó de pretérito. Qué dolor produce
cuando un poeta hiere susceptibilidades con su verso.
El beso de Facundo, golpeó al comercio de almas sucias.
Sus metáforas concupiscentes, ubérrimas y repasadas,
eran saetas contra un tenebroso espíritu con poder
de dar una orden, para aniquilar el canto, el color
de las nubes, y del vuelo supremo del poeta, enamorado
de la vida, de Dios y de este mundo en destrucción.
Entregó su corazón al Creador, y no parecía muerto,
la orden del maldito, se truncó, se frustró su ilusión
de asesinar el arte con menos elocuencia que el sonido
de las armas, Cabral duerme, vuela, sueña, entrega,
ofrece, como siempre, el mensaje de la bendición de Dios.
Hoy lo lloran en Damasco, en Guanacaste, en Huanta.
Costa Rica ha guardado un bosque completo, verde,
con flores, de colores y de inmenso amor, para Facundo.
Se jodió el maldito conquistador guatemalteco, envenenado,
encendido de violencia, Moloch, sátrapa del mal, nunca
podrás apagar el verso, el fin del poema, es el inicio
de una centuria de protesta contra tu maldito espíritu
maledicente y sangriento, dónde estuvieras, siempre
te dolerán las entrañas por tu acto de terror, mientras
nosotros los hombre y mujeres libres del mundo,
todos los que conocimos a Facundo, seguiremos
cantando sus versos limpios y ubérrimos, hasta
que tú, asesino de poetas te pudras donde quiera
que te encuentres, sin la bendición del Rey supremo.
Augus 11, julio de 2011.
 
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