Nat Guttlein
さん
Los restos que van quedando, se asemejan a un Agosto sin fin.
Las puestas de sol se vuelven frías,
y en el pleno invierno que pasa ante mis ojos,
pienso en todo lo que no deseo pensar.
La mente vive repitiéndome imágenes que se pintan como puñales,
y las letras solamente sirven para sangrar,
heridas que parecían curadas pero que no,
que siguen ahí y se burlan de todas las paredes que construyo.
De todos los muros que al levantarme, continúo esforzándome por apilar.
Las diez de la mañana, acercándose al mediodía, siempre me despiertan.
Los libros que apilo sobre la mesa de luz no me sirven,
los tantos cigarros que satisfacen la tristeza,
y la ansiedad de ti que llevo dentro, ya se me acaban cada vez más rápido.
Mi familia suele preguntar el porqué de mis ojeras, y yo soy quien más se pregunta,
el ¿Por qué esperaste que el hilo rojo se rompiera?
Y sin encontrar respuestas, cierro la computadora, pongo play a la música,
e intento mirar al techo y dibujar las palabras que me hicieron falta sentir en mis oídos.
La agonía tiene tu perfume, y de vez en cuando me visita,
principalmente cuando la almohada se empaña en memorias que no volverán.
Nada más que con forma de recuerdos, y metidas entre sueños helados.
Porque el pasado quedó atrás, y el presente es un no sé constante.
Cada vez que miro a esa otra yo que me devuelve el espejo,
es imposible no pensar en todo lo que no pudo ser, y en lo menos que menos,
que logre ser para ti.
Mi mamá me arregló mi reloj favorito, y lo llevo seguido en la muñeca.
Para poder ir contando las horas y los días,
que sigo de pie, mirando a mi alrededor todas las vivas imágenes en las que vos no estas.
Salgo de la ducha, una de las tantas que me doy en las madrugadas como la de hoy,
porque el baño se transformó en mi psicólogo,
y porque además bajo el agua, dicen que los pensamientos pesan menos, y que las lágrimas no saben amargas.
Y el sonido que no tengo de tu voz, se ahoga con el del agua cayendo.
El celular me vibra y tu correo es lo primero que hace estallar una de las bombas.
Las que rodean lo que queda de mi corazón.
Leo y escucho, una canción que habla de amor, y que ya me habías pasado.
Dentro de mi pecho, la hecatombe ya se desató, y las manos frías me entumecen los dedos.
Los sonidos ensordecedores, de cada una de las granadas que tus palabras me hacen llover, duelen.
Ruidos con sabor al dulzor tranquilo de tu voz.
La canción termina y le doy repetir, porque los proyectiles me dejaron sorda.
Y porque el desastre ya se desató hace tiempo.
Tus recuerdos penetran mi piel, como balas que golpean cerca.
El pelo húmedo, no es lo único mojado que ahora toca mi rostro,
Y los sonidos de la noche, no son tampoco y ni mucho menos, lo único que oigo.
Los ruidos aturden por dentro.
Las mañanas vuelven a aparecer, y los días vienen de la mano.
Sigo pensando mucho y diciendo poco.
No hay día en que no me pregunte, cómo hacerme fuerte ante este amor, sin caer en la tentación de quitar las granadas alrededor de mi alma.
La culpa quizás no fue tuya, y las circunstancias tampoco fueron la mía.
Pero la vida es muy traicionera, y la escucho de vez en cuando cagandose de risa.
Pienso en todo y nada de lo que describiste.
Me derrumbo como siempre, pero prefiero callar.
Hable demasiado y lo sigo haciendo.
En forma de dibujo, con sabor amargo, entre alguna estrofa de mis canciones,
O hasta en estos ínfimos párrafos que se asemejan a un poema, que no lo es.
Lo que te ame me enseñó mucho, y no porque sea pasado, sino porque de la forma en que sea,
Entiendo perfectamente que quizás nunca se transforme en algo,
Que no te sepa describir a la perfección.
Como en esos tantos versos que te dedique, y que siguen teniendo la forma de tu silueta.
De tu sonrisa y hasta las pecas que bañan tus mejillas.
La hora del reloj me indica las once de la noche,
Otro día queda atrás, y me preparo como el valiente soldado, para enfrentar la llegada de un mañana.
Poniéndome el casco, y el chaleco anti balas para poder seguir en pie, aunque todo duela.
El amor, según me contaron, suele doler mucho.
Lo veo en varias miradas y ahora mismo, lo compruebo en la mía.
El silencio es cosa de cobardes, pero también un salvavidas para los caídos.
Has escrito que las palabras no tienen validez,
pero intenta recordar que pese a lo que sea y a quien desees insertar en tu vida,
siempre pero siempre, van a ser tu gran obra final.
Aunque pensarlo es mi guillotina preferida.
O la canción a la que le das "volver a reproducir", porque te gusta.
Porque aunque lo que yo pueda decir, no sirva tampoco, lo escribo.
Porque las palabras son pasajeras y efímeras como todo, pero son.
Así como yo soy,
Y así como tu siempre serás l'amore della mia vita.
Las puestas de sol se vuelven frías,
y en el pleno invierno que pasa ante mis ojos,
pienso en todo lo que no deseo pensar.
La mente vive repitiéndome imágenes que se pintan como puñales,
y las letras solamente sirven para sangrar,
heridas que parecían curadas pero que no,
que siguen ahí y se burlan de todas las paredes que construyo.
De todos los muros que al levantarme, continúo esforzándome por apilar.
Las diez de la mañana, acercándose al mediodía, siempre me despiertan.
Los libros que apilo sobre la mesa de luz no me sirven,
los tantos cigarros que satisfacen la tristeza,
y la ansiedad de ti que llevo dentro, ya se me acaban cada vez más rápido.
Mi familia suele preguntar el porqué de mis ojeras, y yo soy quien más se pregunta,
el ¿Por qué esperaste que el hilo rojo se rompiera?
Y sin encontrar respuestas, cierro la computadora, pongo play a la música,
e intento mirar al techo y dibujar las palabras que me hicieron falta sentir en mis oídos.
La agonía tiene tu perfume, y de vez en cuando me visita,
principalmente cuando la almohada se empaña en memorias que no volverán.
Nada más que con forma de recuerdos, y metidas entre sueños helados.
Porque el pasado quedó atrás, y el presente es un no sé constante.
Cada vez que miro a esa otra yo que me devuelve el espejo,
es imposible no pensar en todo lo que no pudo ser, y en lo menos que menos,
que logre ser para ti.
Mi mamá me arregló mi reloj favorito, y lo llevo seguido en la muñeca.
Para poder ir contando las horas y los días,
que sigo de pie, mirando a mi alrededor todas las vivas imágenes en las que vos no estas.
Salgo de la ducha, una de las tantas que me doy en las madrugadas como la de hoy,
porque el baño se transformó en mi psicólogo,
y porque además bajo el agua, dicen que los pensamientos pesan menos, y que las lágrimas no saben amargas.
Y el sonido que no tengo de tu voz, se ahoga con el del agua cayendo.
El celular me vibra y tu correo es lo primero que hace estallar una de las bombas.
Las que rodean lo que queda de mi corazón.
Leo y escucho, una canción que habla de amor, y que ya me habías pasado.
Dentro de mi pecho, la hecatombe ya se desató, y las manos frías me entumecen los dedos.
Los sonidos ensordecedores, de cada una de las granadas que tus palabras me hacen llover, duelen.
Ruidos con sabor al dulzor tranquilo de tu voz.
La canción termina y le doy repetir, porque los proyectiles me dejaron sorda.
Y porque el desastre ya se desató hace tiempo.
Tus recuerdos penetran mi piel, como balas que golpean cerca.
El pelo húmedo, no es lo único mojado que ahora toca mi rostro,
Y los sonidos de la noche, no son tampoco y ni mucho menos, lo único que oigo.
Los ruidos aturden por dentro.
Las mañanas vuelven a aparecer, y los días vienen de la mano.
Sigo pensando mucho y diciendo poco.
No hay día en que no me pregunte, cómo hacerme fuerte ante este amor, sin caer en la tentación de quitar las granadas alrededor de mi alma.
La culpa quizás no fue tuya, y las circunstancias tampoco fueron la mía.
Pero la vida es muy traicionera, y la escucho de vez en cuando cagandose de risa.
Pienso en todo y nada de lo que describiste.
Me derrumbo como siempre, pero prefiero callar.
Hable demasiado y lo sigo haciendo.
En forma de dibujo, con sabor amargo, entre alguna estrofa de mis canciones,
O hasta en estos ínfimos párrafos que se asemejan a un poema, que no lo es.
Lo que te ame me enseñó mucho, y no porque sea pasado, sino porque de la forma en que sea,
Entiendo perfectamente que quizás nunca se transforme en algo,
Que no te sepa describir a la perfección.
Como en esos tantos versos que te dedique, y que siguen teniendo la forma de tu silueta.
De tu sonrisa y hasta las pecas que bañan tus mejillas.
La hora del reloj me indica las once de la noche,
Otro día queda atrás, y me preparo como el valiente soldado, para enfrentar la llegada de un mañana.
Poniéndome el casco, y el chaleco anti balas para poder seguir en pie, aunque todo duela.
El amor, según me contaron, suele doler mucho.
Lo veo en varias miradas y ahora mismo, lo compruebo en la mía.
El silencio es cosa de cobardes, pero también un salvavidas para los caídos.
Has escrito que las palabras no tienen validez,
pero intenta recordar que pese a lo que sea y a quien desees insertar en tu vida,
siempre pero siempre, van a ser tu gran obra final.
Aunque pensarlo es mi guillotina preferida.
O la canción a la que le das "volver a reproducir", porque te gusta.
Porque aunque lo que yo pueda decir, no sirva tampoco, lo escribo.
Porque las palabras son pasajeras y efímeras como todo, pero son.
Así como yo soy,
Y así como tu siempre serás l'amore della mia vita.