Marla
Poeta fiel al portal
Qué tiene la mañana en su garganta;
qué acidez la pronuncia.
De pronto, un sueño se repliega de azules
y las persianas extienden el grito de la luz,
ensordeciendo la piel de mi nombre.
¿Dónde estás, niña? ¿dónde duerme tu risa?
ya no puedo sentir
tus manos amarillas.
Apenas una huella de humo persiste
en los parajes
donde pastó el animal
de la infancia.
Mis pies se desperezan, sonámbulos
descabezan la hierba, engullen
el aura gris de la ciudad, su árida tristeza.
Un árbol grita a mi espalda
su letanía de pájaros.
¿Adónde fuiste? ¿adónde...?
Un sol implacable rasga la aurora.
Se baten en duelo halcones de espuma
en el aire,
y ya no hay más preguntas, no hay tiempo
para beberse los ríos subterráneos.
Los halcones aguardan
un festín de palomas.
La lúcida mañana despeja mi memoria
de nimbus
tiñendo de blanco luto las manos
del destierro.
qué acidez la pronuncia.
De pronto, un sueño se repliega de azules
y las persianas extienden el grito de la luz,
ensordeciendo la piel de mi nombre.
¿Dónde estás, niña? ¿dónde duerme tu risa?
ya no puedo sentir
tus manos amarillas.
Apenas una huella de humo persiste
en los parajes
donde pastó el animal
de la infancia.
Mis pies se desperezan, sonámbulos
descabezan la hierba, engullen
el aura gris de la ciudad, su árida tristeza.
Un árbol grita a mi espalda
su letanía de pájaros.
¿Adónde fuiste? ¿adónde...?
Un sol implacable rasga la aurora.
Se baten en duelo halcones de espuma
en el aire,
y ya no hay más preguntas, no hay tiempo
para beberse los ríos subterráneos.
Los halcones aguardan
un festín de palomas.
La lúcida mañana despeja mi memoria
de nimbus
tiñendo de blanco luto las manos
del destierro.