***QueeN Ginevra***
Poeta adicto al portal
Los rostros de Valeska.
-Sí, yo lo hice.- dijo la joven mientras miraba las puntas de sus dedos- Es que la mujer no dejaba de mirarme; no dejaba de seguirme a dónde me moviera.- su tono era más que nada tranquilo y monótono, su porte y mirada eran las de una persona con clase social alta.
-¿Y aquello del ama de llaves? ¿Y lo del caballo? ¿Aquello del hijo de la cocinera?- el hombre dudó un momento- ¿Y aquello de sus padres?
-Si me lo permite Monsieur y es paciente - contestó la joven de una forma elegante y refinada con todas las maneras que su educación le permitía- toda la historia la conocerá.
-Pues adelante contestó el hombre que si bien no pretendía que esta se demorara, deseaba saber toda la realidad de sus acciones.
-Pues bien, comenzaré por el orden estrictamente cronológico de los hechos.- hizo una pausa tras la cual su taciturna mirada pareció de pronto temblar.- Era una mañana en la que, como muchas otras yo despertaba por el entrar de la luz en mi ventana; aquél día, si mi mente me permite recordarlo a la perfección, nuestra ama de llaves Fabia, se encontraba limpiando la biblioteca cuando yo bajé a esta antes de ser llamada a la mesa del desayuno. Fabia leía uno de los mejores libros que yo haya jamás conocido: la divina comedia.- hizo una pausa cómo si el sólo hecho de recordar lo sucedido le hiciera hervir la sangre- Pero me había equivocado yo, Fabia no leía la divina comedia; estaba solamente observando las imágenes y a fin de cuentas, al percatarse de mi presencia lo dejó en la mesilla y me saludó amable. Vi sus manos, estaban llenas de suciedad y volvió a abrir el libro, pasó las páginas bellas, viejas y crujientes; el polvo saltó hacia su rostro. ¡Estornudó sobre la divina comedia!...- gritó cómo si acusara en épocas inquisitoriales a alguien del mal oficio de la brujería Yo ya le había prevenido con anterioridad acerca de lo valiosos que son esos libros y me molesté, la reprendí por eso y ella se limitó a limpiar las gotas de saliva sobre las imágenes pero al hacerlo, rompió una hoja y comenzó a reír ¡comenzó a reír! y entonces arrojé el jarrón que descansaba sobre la mesilla y este golpeó su cabeza, calló hacia atrás y se golpeó con el sofá. Siempre fue una vieja inútil pero no creí que fuera tan frágil.- una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro.- ¿Quién ríe ahora?... Fue sencillo decir que había caído de la escalera de la biblioteca. Todos los creyeron.
(.... continua)