JoseM
Poeta recién llegado
En los campos de mi tierra de aires tropicales,
antes de comenzar el cantar de los gallos,
se levanta muy deprisa siempre el Chemanuel,
con la mirada puesta en el cielo,
el corazón lleno de anhelos,
y los pies bien firmes sobre el suelo.
Se persigna como todo buen cristiano,
saboreando el cafecito negro y calientico
que espabilará bien luegito
toda la sangre que circula por su cuerpo,
y aunque llenas de dolores estén sus coyunturas,
bríos no le faltan para poner en cintura
a cualquiera que por macho se pasara de hombrura.
Pa este año si habrá buena cosecha mi Sol Ángel,
ha llovido bastante y con el favor de Dios
la venderemos toda a muy buen precio,
te haré la casita que siempre has soñado,
de bloques y con el baño adentro como los ricos,
ya no tendrás que ir pa fuera a echarte un baño
expuesta a un mal frío y al mirón de mi vecino.
El cielo se va vistiendo de matices y colores,
y los pájaros trinan por doquier alborotados,
el Chemanuel lleva ya puesto su sombrero,
y en su cinto su peinilla y su cuchillo bien terciados.
La franela roja la lleva desteñida y bien ceñida,
sus holgados pantalones los lleva bien amarrados,
con sus bolsillos de tela bien cosidos,
que Sol Ángel de mala gana anoche remendó,
al no encontrar en su acostumbrada revisión,
algo extra pa comprarse un dulcito de papelón.
Las alpargatas lucen aún de buena suela,
porque el Chemanuel en el conuco se las quita
para que le duren todavía otra larga temporada.
Sol Ángel se le pone bien cerquita y con pícara mirada
le dice: alli llevás dos arepas de ají bien untadas
pa que la sangre te circule y esta noche te sientas alentao,
Chemanuel la mira con ternura y cavila en sus adentros:
Por qué si mis manos son rudas y fuertes pal trabajo
aún no he podido cambiar este barro y sus guadúas,
yo con naide me he metío, ni mujer a otro le he robao,
y para que Sol Ángel no vea que sus ojos se han nublado
sin voltear atrás, rapidito del rancho sale bien plantado.
José Manuel, así le llamó su taita cuando le bautizó,
nombre de doble unción , de hombre con Dios y protegido,
la verdad es que en la vida ha tenido mucha suerte,
porque del hambre y las fiebres que ha pasado
ahora es cuanto ha aguantado y del diablo se ha burlado.
Dos hijos le dio Sol Ángel al Chemanuel:
María Esperanza, hembra guapa la mayor,
que a los 11 años con un farito se fugó,
cuando éste por el frente del rancho le hizo seña,
arreando un toro, dos vacas y una mula muy cargada de leña.
Hoy el Chemanuel por orgullo ni la palabra le dirige,
ya que hubiese preferido de blanco verla en el altar
casada con el señorito de la hacienda del Lugar.
El nieto que le dio dice que a él nisiquiera se parece,
aunque a escondidas le envía caramelos,
de los que en la bodega dan por vuelto
cuando el sencillo no aparece por falta del circulante.
Ángel de Jesús se llama el zurrapo,
que a los dos meses de haber nacido
de una meningitis casi se le muere,
de no haber sido por la divina intervención,
de aquel santo inmaculado que alumbra en el rincón.
Ahora a sus 15 años en una silla está sentado,
balbuceando solo gritos y chillidos
cuando tiene hambre o quiere que lo aseen.
Al Chemanuel le llaman en el pueblo camarada,
aunque a su taita Juan de la Cruz y a su mama Josefina
les parece muy blasfemo semejante sobrenombre,
él les explica: Viejos mi popularidad ha sido siempre,
bien conocen que la cosecha la perdí con la plaga,
ellos son comunistas y no juegan con mandinga,
los pobres ahora nos encaramamos en la troja,
¿no ven como me regalaron esta franela roja?,
ahora el gobierno nos toma en cuenta en su manifiesto,
nos prometieron que de alcanzar el presupuesto,
a fin de año de bloques nos harán una casita,
con techo de madera, baño adentro y regadera,
¡ como la sueña mi Sol Ángel bien amada !.
Ya es de tarde y el sol se oculta pronto,
de sudores bien bañado va el Chemanuel de regreso a su ranchito,
con el andar cansado la sombra larga la lleva por delante,
llevando un racimo de cambures que le regaló su taita,
y que para Sol Ángel será como el preludio
de la buena cosecha que por fín vendrá este año.
antes de comenzar el cantar de los gallos,
se levanta muy deprisa siempre el Chemanuel,
con la mirada puesta en el cielo,
el corazón lleno de anhelos,
y los pies bien firmes sobre el suelo.
Se persigna como todo buen cristiano,
saboreando el cafecito negro y calientico
que espabilará bien luegito
toda la sangre que circula por su cuerpo,
y aunque llenas de dolores estén sus coyunturas,
bríos no le faltan para poner en cintura
a cualquiera que por macho se pasara de hombrura.
Pa este año si habrá buena cosecha mi Sol Ángel,
ha llovido bastante y con el favor de Dios
la venderemos toda a muy buen precio,
te haré la casita que siempre has soñado,
de bloques y con el baño adentro como los ricos,
ya no tendrás que ir pa fuera a echarte un baño
expuesta a un mal frío y al mirón de mi vecino.
El cielo se va vistiendo de matices y colores,
y los pájaros trinan por doquier alborotados,
el Chemanuel lleva ya puesto su sombrero,
y en su cinto su peinilla y su cuchillo bien terciados.
La franela roja la lleva desteñida y bien ceñida,
sus holgados pantalones los lleva bien amarrados,
con sus bolsillos de tela bien cosidos,
que Sol Ángel de mala gana anoche remendó,
al no encontrar en su acostumbrada revisión,
algo extra pa comprarse un dulcito de papelón.
Las alpargatas lucen aún de buena suela,
porque el Chemanuel en el conuco se las quita
para que le duren todavía otra larga temporada.
Sol Ángel se le pone bien cerquita y con pícara mirada
le dice: alli llevás dos arepas de ají bien untadas
pa que la sangre te circule y esta noche te sientas alentao,
Chemanuel la mira con ternura y cavila en sus adentros:
Por qué si mis manos son rudas y fuertes pal trabajo
aún no he podido cambiar este barro y sus guadúas,
yo con naide me he metío, ni mujer a otro le he robao,
y para que Sol Ángel no vea que sus ojos se han nublado
sin voltear atrás, rapidito del rancho sale bien plantado.
José Manuel, así le llamó su taita cuando le bautizó,
nombre de doble unción , de hombre con Dios y protegido,
la verdad es que en la vida ha tenido mucha suerte,
porque del hambre y las fiebres que ha pasado
ahora es cuanto ha aguantado y del diablo se ha burlado.
Dos hijos le dio Sol Ángel al Chemanuel:
María Esperanza, hembra guapa la mayor,
que a los 11 años con un farito se fugó,
cuando éste por el frente del rancho le hizo seña,
arreando un toro, dos vacas y una mula muy cargada de leña.
Hoy el Chemanuel por orgullo ni la palabra le dirige,
ya que hubiese preferido de blanco verla en el altar
casada con el señorito de la hacienda del Lugar.
El nieto que le dio dice que a él nisiquiera se parece,
aunque a escondidas le envía caramelos,
de los que en la bodega dan por vuelto
cuando el sencillo no aparece por falta del circulante.
Ángel de Jesús se llama el zurrapo,
que a los dos meses de haber nacido
de una meningitis casi se le muere,
de no haber sido por la divina intervención,
de aquel santo inmaculado que alumbra en el rincón.
Ahora a sus 15 años en una silla está sentado,
balbuceando solo gritos y chillidos
cuando tiene hambre o quiere que lo aseen.
Al Chemanuel le llaman en el pueblo camarada,
aunque a su taita Juan de la Cruz y a su mama Josefina
les parece muy blasfemo semejante sobrenombre,
él les explica: Viejos mi popularidad ha sido siempre,
bien conocen que la cosecha la perdí con la plaga,
ellos son comunistas y no juegan con mandinga,
los pobres ahora nos encaramamos en la troja,
¿no ven como me regalaron esta franela roja?,
ahora el gobierno nos toma en cuenta en su manifiesto,
nos prometieron que de alcanzar el presupuesto,
a fin de año de bloques nos harán una casita,
con techo de madera, baño adentro y regadera,
¡ como la sueña mi Sol Ángel bien amada !.
Ya es de tarde y el sol se oculta pronto,
de sudores bien bañado va el Chemanuel de regreso a su ranchito,
con el andar cansado la sombra larga la lleva por delante,
llevando un racimo de cambures que le regaló su taita,
y que para Sol Ángel será como el preludio
de la buena cosecha que por fín vendrá este año.