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Los sueños son como los cuentos

Anna Politkóvskaya

Poeta fiel al portal
En el territorio de los sueños
conviven todos los tiempos
y no hace falta un desierto
para especular con espejismos,
pues cualquier rincón espera
el argumento de una mirada
para ser barco pirata, montaña
que habla a la luna, edificio
en ruinas con niño, castillo
o bosque siempre virgen.

Los sueños siempre son callados.
guardan un silencio cauto
para evitar ser descubiertos,
pues se disolverían tan deprisa
como unos cuantos azucarillos
en la boca de un niño muy goloso;
aunque los hay que dejan restos
igual que los naufragios
en el rostro, en la mirada,
en el corazón, en las sábanas…

Retener sueños es muy fácil,
solo hay que cerrar los ojos.
Lo mismo se puede hacer
con el mundo y con la vida
de quienes lo habitan
y también con las palabras
y con las hormigas y los caracoles.

Los sueños son como los cuentos
antes de dormir, solo que en este caso
ya se está dormido y bien dormido
y, porque tienen un poder ilimitado,
pueden salvar vidas y matar el hambre
y a dios cuantas veces quieras
y a todos los adictos a pedestales,
tronos, palacios de las mil y una noches
y casas blancas, rosadas, rojas
o alumbradas con candelabros de doce brazos.

Hay lugares a los que ya no llegan los sueños
y los pocos que aún quedan,
se encuentran atrapados
en pañuelos, de haber llorado.
Son lugares donde vivir
es lo más parecido a una pesadilla
con las casas tiradas por los suelos
y la playa manchada de sangre
y la luz sin vida y el vagido de los niños
y sin manos para enterrar a tantos muertos.

Al corromperse, los sueños
llevan en algún lugar ultrasecreto
impresa una fecha de caducidad,
lo cual resulta tan inconcebible
y jocundo como el propio sueño.
Y con los que no se recuerdan
el absurdo también dicta
que el agua del río no discurre
inexorable hacia el mar,
porque la única verdad de todo esto
es que nadie sabe dónde acaban.
 
En el territorio de los sueños
conviven todos los tiempos
y no hace falta un desierto
para especular con espejismos,
pues cualquier rincón espera
el argumento de una mirada
para ser barco pirata, montaña
que habla a la luna, edificio
en ruinas con niño, castillo
o bosque siempre virgen.

Los sueños siempre son callados.
guardan un silencio cauto
para evitar ser descubiertos,
pues se disolverían tan deprisa
como unos cuantos azucarillos
en la boca de un niño muy goloso;
aunque los hay que dejan restos
igual que los naufragios
en el rostro, en la mirada,
en el corazón, en las sábanas…

Retener sueños es muy fácil,
solo hay que cerrar los ojos.
Lo mismo se puede hacer
con el mundo y con la vida
de quienes lo habitan
y también con las palabras
y con las hormigas y los caracoles.

Los sueños son como los cuentos
antes de dormir, solo que en este caso
ya se está dormido y bien dormido
y, porque tienen un poder ilimitado,
pueden salvar vidas y matar el hambre
y a dios cuantas veces quieras
y a todos los adictos a pedestales,
tronos, palacios de las mil y una noches
y casas blancas, rosadas, rojas
o alumbradas con candelabros de doce brazos.

Hay lugares a los que ya no llegan los sueños
y los pocos que aún quedan,
se encuentran atrapados
en pañuelos, de haber llorado.
Son lugares donde vivir
es lo más parecido a una pesadilla
con las casas tiradas por los suelos
y la playa manchada de sangre
y la luz sin vida y el vagido de los niños
y sin manos para enterrar a tantos muertos.

Al corromperse, los sueños
llevan en algún lugar ultrasecreto
impresa una fecha de caducidad,
lo cual resulta tan inconcebible
y jocundo como el propio sueño.
Y con los que no se recuerdan
el absurdo también dicta
que el agua del río no discurre
inexorable hacia el mar,
porque la única verdad de todo esto
es que nadie sabe dónde acaban.
A veces es esa nuestra incertidumbre, en donde acaban los sueños y la realidad que queda.

Saludos
 

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