danie
solo un pensamiento...
Lidio con tu sagaz cuerpo,
mientras juego a ser rey de tu cielo;
piezas triviales marginadas por un sistema ambivalente
de conquista y progreso.
Caen mis peones, por el contacto perspicaz,
palpito bélico de tus majestuosos besos.
Mera consecuencia de una imprudente estrategia
de este vil y cruel juego.
Enorme umbral separa este tablero,
la esfinge de tu sombra pernoctada
acecha a mis guerreros,
que perecen incautos
mientras crepitan en la penumbra de tu regazo,
lamentándose haber sido friccionados por el rose de tus besos.
Sacrifico a mis peones, para ganar terreno
en esa estepa árida y virgen que pertenece ha tu lecho.
Desde las torres ciclópeas medito y observo,
¿cuál es tu plan o sortilegio? Fruto de tu alma ingenua supuesta
que reflejaron tus ojos esbeltos.
Los espacios vacíos me incitan a avanzar,
más no me confió y envió a los alfiles que vallan a investigar.
Si hay algo que me enseño el padre tiempo, es a esperar,
ya que vasta experiencia tengo en el campo emocional.
Los caballos me advierten, de tus peligrosos embelesos,
más la retirada ellos piden y yo no les creo,
ensombrecido por mis torres vigías que no se percataron
de tu artificio, de tan pura deidad paradisíaca de lo divino.
El gélido céfiro de la disputa recorre mi cuerpo,
mi tez se eriza y mis huesos tiemblan como una hojuela al viento.
Si algo debo de confesar, es que enfrente a muchas,
pero nunca a una mujer digna como tu, de admirar.
El contacto desmesurado de tu erótico cuerpo,
no fue alertado por mis vigías, más me rindo a las ansias
de mi fervoroso anheló, inmaculado encanto,
destello del espejo de tu aura, tus ojos bellos.
Figura donairosa de estrecho movimiento
que aflórese mis más escondidos sentimientos.
Despierta en mí la oscura pasión que llevo dentro,
mis fuscas tropillas que avanza a la orden de los deseos
más infinitos por tu noble cuerpo.
Acabaste con mi ejercitó, con un solo suspiro de tu aliento,
aroma a piel carmín, perfume a jazmín
que derramas por todo el dominio sin mero pudor.
La Luna marfilada bajo su albor
ve fluir a los estrategas de la pasión.
La luna tiene envidia y desazón,
por tu sensual beldad que apreso a mi corazón.
Me dio jaque en un santiamén,
que luego se transformo en un vil maté,
por tu indiferencia abrumadora sin ningún índice de compasión.
Caí en tus encantos una vez más,
y esta vez no puede escapar,
más me acongoja la pena de haberte amado
y no tenerte más a mi lado.
Y ahora solo estoy,
con despojos de un ejercitó de trebejos,
peones caídos como mis labios partidos,
alfiles engañados, sensible cutis a tus sentidos,
torres no avispadas por mis ojos enceguecidos
y caballos abnegados, mente no oída por mi corazón cándido.
Jaque Maté le diste a mi corazón ladino.
La inspiración me llega en los peores momentos…
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