Los tres mosqueteros

Robsalz

Poeta que considera el portal su segunda casa
Mis tres mosqueteros infiltrados en un santo sudario,
ni Athos ni Portos ni Aramis,
los tres tienen cuerpo de mujer y fama de asesinas
frutas prohibidas del árbol del mal y del bien.

Compartí oficina y celda con las tres, deseando sentenciarme
y con buen paso graduarme en sus sueños de ayer,
las tres levantan muertos y yo tuve un ojo tuerto
para verlas pasar frente a su merced.

Matilda con sus piernas contorneadas
y una boca tentadora bien plantada
como un bosque de leche y miel,
un escote que almidona la mirada
y su sonrisa perfecta para hacerme padecer.

Liliana con un boceto tímido en sus ojos
y la piel como la almohada de D'Artagnan,
un pecado entre sus piernas y mis ojos temblorosos
clamando "Aleluya, que suba la marea, dichoso carnaval".

Ni Alejandro Dumas concebió tal maravilla
y es que peco un tiempo de insensato
y por pecar dejo un buen rato
de leer libros de novelas y cuento cien ovejas
para ir a dormir, pensando placer.

Frida, mi querida Frida, con pintura en sus labios
y un lienzo imaginario que me hace caer,
moviendo las caderas y quemando escapularios
que existieron en Babel.

Cerré mis ojos por no pecar y las tres vinieron a saludar
y a quedarse a dormir en mi piel.
 
Mis tres mosqueteros infiltrados en un santo sudario,
ni Athos ni Portos ni Aramis,
los tres tienen cuerpo de mujer y fama de asesinas
frutas prohibidas del árbol del mal y del bien.

Compartí oficina y celda con las tres, deseando sentenciarme
y con buen paso graduarme en sus sueños de ayer,
las tres levantan muertos y yo tuve un ojo tuerto
para verlas pasar frente a su merced.

Matilda con sus piernas contorneadas
y una boca tentadora bien plantada
como un bosque de leche y miel,
un escote que almidona la mirada
y su sonrisa perfecta para hacerme padecer.

Liliana con un boceto tímido en sus ojos
y la piel como la almohada de D'Artagnan,
un pecado entre sus piernas y mis ojos temblorosos
clamando "Aleluya, que suba la marea, dichoso carnaval".

Ni Alejandro Dumas concebió tal maravilla
y es que peco un tiempo de insensato
y por pecar dejo un buen rato
de leer libros de novelas y cuento cien ovejas
para ir a dormir, pensando placer.

Frida, mi querida Frida, con pintura en sus labios
y un lienzo imaginario que me hace caer,
moviendo las caderas y quemando escapularios
que existieron en Babel.

Cerré mis ojos por no pecar y las tres vinieron a saludar
y a quedarse a dormir en mi piel.
"Tú para todas y todas para ti"
:)
Un abrazo, Robsalz.
 

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