Sommbras
Poeta adicto al portal
.
Ella, exquisita, estaba allí, toda ella ahí, de negro, como una sartén, movediza, sólida, lavable.
Perdóname
hoja en blanco
por turbar tu calma
con recuerdos
escritos
El marido de ella, una red para truchas golosas, conducía un camión, cuidaba que la barca tuviese remos, y me decían que la dejaban mucho tiempo sola.
La noche, con su café, desveló al agua y al viento. Ellos dos, fuego y mantequilla, unidos por libre decisión, el poeta solo, cosida a la ventana la última imagen de su adiós.
Él, más poeta que ella, estaba solo a medianoche en una mesa de la sala, inclinándose sobre el lirio del folio con ojos miopes, en la pared la sombra enorme de su cabeza pensativa, él pensó en su amada por mucho tiempo amada, pensó escribir de su amor como se escala un monumento, paso a paso, pero así continuó el poema.
Hoy es epílogo
tu recuerdo
construye su ataúd
debajo de mi folio,
Recitaba lo escrito porque buscaba un silencio perfecto. Borró lo anterior porque cariño en cariño se queda, amor como amor se marcha. Este amor antiguo ante él, ese recuerdo detrás de él, siempre escalando hacia la montaña de su beso, con la medianoche en su norte, con la medianoche en el sur, la tempestad en los cielos y como único escudo la piel. Empezó de nuevo.
Tus ojos interiores
esperando mi beso
secretos eran
mecidos por luz
¿Quién te besaría siempre y llevaría desayuno a tus gorriones? ¿Quién te recordará nuestro primer beso cuando yo no esté? Sintió tristeza sobre las vocales, sintió miedo, se levanto de la silla, rompió el folio y lloró, amargamente lloró.
...
Sombras
Jesús Soriano
.
Ella, exquisita, estaba allí, toda ella ahí, de negro, como una sartén, movediza, sólida, lavable.
Perdóname
hoja en blanco
por turbar tu calma
con recuerdos
escritos
El marido de ella, una red para truchas golosas, conducía un camión, cuidaba que la barca tuviese remos, y me decían que la dejaban mucho tiempo sola.
líneas y
líneas
huellas de mis pensamientos
que corren
buscando
y buscando
por este cielo de chimeneas
líneas
huellas de mis pensamientos
que corren
buscando
y buscando
por este cielo de chimeneas
La noche, con su café, desveló al agua y al viento. Ellos dos, fuego y mantequilla, unidos por libre decisión, el poeta solo, cosida a la ventana la última imagen de su adiós.
sin ella saber
que yo existía,
sin saber que existo
que olvida
mi beso
y el poema
que me envió
que yo existía,
sin saber que existo
que olvida
mi beso
y el poema
que me envió
Él, más poeta que ella, estaba solo a medianoche en una mesa de la sala, inclinándose sobre el lirio del folio con ojos miopes, en la pared la sombra enorme de su cabeza pensativa, él pensó en su amada por mucho tiempo amada, pensó escribir de su amor como se escala un monumento, paso a paso, pero así continuó el poema.
Hoy es epílogo
tu recuerdo
construye su ataúd
debajo de mi folio,
Recitaba lo escrito porque buscaba un silencio perfecto. Borró lo anterior porque cariño en cariño se queda, amor como amor se marcha. Este amor antiguo ante él, ese recuerdo detrás de él, siempre escalando hacia la montaña de su beso, con la medianoche en su norte, con la medianoche en el sur, la tempestad en los cielos y como único escudo la piel. Empezó de nuevo.
Tus ojos interiores
esperando mi beso
secretos eran
mecidos por luz
¿Quién te besaría siempre y llevaría desayuno a tus gorriones? ¿Quién te recordará nuestro primer beso cuando yo no esté? Sintió tristeza sobre las vocales, sintió miedo, se levanto de la silla, rompió el folio y lloró, amargamente lloró.
...
Sombras
Jesús Soriano
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