romaguce
Poeta recién llegado
La vida abrasa sin mesura
Y así, exhausta, encandila al tiempo en su rutina,
Mientras mis lánguidos ojos,
Se desorientan con lo astral de su legado;
Parezco ya vencido
Al buscar incansable el perdón de las hormigas,
Y al no encontrar la absolución,
Subo al viento y cabalgo,
Marcado en mis mejillas
Con su bronce indeleble
Al destierro,
Sin entender lo que es el olvido,
Sin esperar vanas indulgencias;
La vida abrasa sin mesura
Merodeada por los traidores de la noche
Que al atacar, lo claro de un soplo, se persignan
Y beben la sangre de sus logros,
Observantes de tanto infierno por conquistar,
De tantos hombres vencidos sin misericordia
Que sin dilaciones sirven sus cabezas al verdugo;
Al caer la noche,
Alimentan con mi cuerpo a los coyotes.
Y así, exhausta, encandila al tiempo en su rutina,
Mientras mis lánguidos ojos,
Se desorientan con lo astral de su legado;
Parezco ya vencido
Al buscar incansable el perdón de las hormigas,
Y al no encontrar la absolución,
Subo al viento y cabalgo,
Marcado en mis mejillas
Con su bronce indeleble
Al destierro,
Sin entender lo que es el olvido,
Sin esperar vanas indulgencias;
La vida abrasa sin mesura
Merodeada por los traidores de la noche
Que al atacar, lo claro de un soplo, se persignan
Y beben la sangre de sus logros,
Observantes de tanto infierno por conquistar,
De tantos hombres vencidos sin misericordia
Que sin dilaciones sirven sus cabezas al verdugo;
Al caer la noche,
Alimentan con mi cuerpo a los coyotes.