Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Luces y sombras en senderos opuestos
estiran la cuerda que las mantiene unidas
y luego se reencuentran cuando al dar la vuelta
el mundo se reduce a un punto sólo.
Ahora en las espaldas el calor se desprende
después de soplar hasta la última vela
después de morder hasta el último verde
en la espiga del día que de nuevo se acuesta
bajo el arrullo del agua que imita a las serpientes
y en la arena se entierran.
En el reverso, la sombra crece y crece,
vestida de novia amamanta a la luna
en los claros del bosque,
olvida cristales de su pie en la carrera
se despoja de todo cuanto la envanece
se arranca raíces una tras de otra
vuela, con alas de murciélago sordo
bebe, del néctar de la estrella que cae
dentro de un pozo.
La sombra según corre
va dejando la ropa en las espinas,
en los tropiezos con sabores a piedra
a marfil desgastado, a ceniza.
Los oscuros se quedan en los dientes que los muerden
poniendo pieles en carne viva.
Los amantes creen nuevamente en las hogueras
cuando se reencuentran,
en ese instante en que aún no son
ni uno ni otro
en que la victoria y la derrota no son posibles
porque nada se aleja y todo prende
porque todo cumple su misión de esfera.
estiran la cuerda que las mantiene unidas
y luego se reencuentran cuando al dar la vuelta
el mundo se reduce a un punto sólo.
Ahora en las espaldas el calor se desprende
después de soplar hasta la última vela
después de morder hasta el último verde
en la espiga del día que de nuevo se acuesta
bajo el arrullo del agua que imita a las serpientes
y en la arena se entierran.
En el reverso, la sombra crece y crece,
vestida de novia amamanta a la luna
en los claros del bosque,
olvida cristales de su pie en la carrera
se despoja de todo cuanto la envanece
se arranca raíces una tras de otra
vuela, con alas de murciélago sordo
bebe, del néctar de la estrella que cae
dentro de un pozo.
La sombra según corre
va dejando la ropa en las espinas,
en los tropiezos con sabores a piedra
a marfil desgastado, a ceniza.
Los oscuros se quedan en los dientes que los muerden
poniendo pieles en carne viva.
Los amantes creen nuevamente en las hogueras
cuando se reencuentran,
en ese instante en que aún no son
ni uno ni otro
en que la victoria y la derrota no son posibles
porque nada se aleja y todo prende
porque todo cumple su misión de esfera.