legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llegó hasta mí la calavera rota
buscando lecho
y me dijo: la vida se te agota,
rasga tu pecho.
y empezó a oscurecer la certidumbre
que abundaba en mi seso
al tornarse las altivas cumbres
en despojos desiertos.
Así bajó la negra nube espesa
a nublar mi cerebro
y trocó mis ansias, mis proezas
en retazos de velo.
Ya éramos dos muertos hermanados
bajo el ala de un techo
y bajo el fondo vacío anonadado,
que también era negro.
Muerto ya, y tan sólo rezagos
de pensamiento
brillaban en el gris asado,
mis verdugos tormentos.
Buscaba luz y fuerzas vanas
en mi delgado cuerpo
entre escabrosas púas aguzadas
clavado y yerto.
Pero algo alimentaba tan despacio
mi seco aliento,
que al llegar sutil a mis entrañas
iba creciendo.
Fuerza hubo entonces
en mi débil desecho
y extrañas luces habitaban
ya mis ojos inciertos
Penumbra fue cruzando
que al convertirse en cielo,
la vida fue llegando
a decirme lo cierto:
La muerte no fue nunca ,
ni negro, ni desierto;
fue tan sólo la imagen
de mis oscuros sueños.
buscando lecho
y me dijo: la vida se te agota,
rasga tu pecho.
y empezó a oscurecer la certidumbre
que abundaba en mi seso
al tornarse las altivas cumbres
en despojos desiertos.
Así bajó la negra nube espesa
a nublar mi cerebro
y trocó mis ansias, mis proezas
en retazos de velo.
Ya éramos dos muertos hermanados
bajo el ala de un techo
y bajo el fondo vacío anonadado,
que también era negro.
Muerto ya, y tan sólo rezagos
de pensamiento
brillaban en el gris asado,
mis verdugos tormentos.
Buscaba luz y fuerzas vanas
en mi delgado cuerpo
entre escabrosas púas aguzadas
clavado y yerto.
Pero algo alimentaba tan despacio
mi seco aliento,
que al llegar sutil a mis entrañas
iba creciendo.
Fuerza hubo entonces
en mi débil desecho
y extrañas luces habitaban
ya mis ojos inciertos
Penumbra fue cruzando
que al convertirse en cielo,
la vida fue llegando
a decirme lo cierto:
La muerte no fue nunca ,
ni negro, ni desierto;
fue tan sólo la imagen
de mis oscuros sueños.