luchemos en las puertas del Arte sobre el desorden del Amor.

Solsticio de primavera

Poeta fiel al portal
luchemos en las puertas del Arte sobre el desorden del Amor.


que brutalidad
la de la vida
liviana
volando,
como una semilla,
de la tierra
al sol,
del sol
a mi corazón.

ahora los estoy mirando
desde un edificio,
y pienso que,
en realidad,
poco se parecen
a los dibujos de mi infancia.

pero bueno, yo tampoco
soy parecido
a aquel mancebo
que sentado
en su silla de mimbre
esperaba
a que su padre
le cuente un cocon.

y todos corremos buscando
la cosecha del capital,
aprehendiendo
símbolos
que nos alejan
de nuestro interior.
pero yo no voy proyectar mi amor
en bienes, en mujeres,
en alcohol;
si te quiero,
te quiero de verdad, no me puedo engañar.

todo el tiempo tengo miedo
al rechazo y al amor
mas si abandono
mis creencias
sólo queda un cuerpo lleno de dolor.
y no quiero, y no puedo, y no debo,
y si hablo tanto de la libertad,
eléctrica aurora asomando
su leve rostro
en un casa de pan,
y de tomar nuestra oportunidad,
de sol y monte, traslúcida
badana de axolotl,
es justamente porque nunca las pude perpetuar.

y mas que a las fortalezas le
debo a mi debilidad,
y mas que a la inmortalidad
le debo a la mortandad,
y mas que a los sueños
le debo a la realidad,
y mas que a la compañía
le debo a la soledad,
y mas que a mi mismo
les debo a los demás.

tanto fue cuanto más me gustó,
mas, para que negarlo,
en el estremecimiento de una nimia mariposa
vi un cielo oculto tendido
en el interior de un nuevo –y fértil- jardín.

y ya sé, ¡ah, que a la gente le moleste
la fragilidad!
pero, linda alma, dame, dame un puñado de tu credulidad.

nada severo y estanco dura para la eternidad,
yo lo sé, pues miro todos los días por las ventanas de la humanidad.

entonces corro a la Iglesia pensado que quizás
allí encuentre, sobre el tabernáculo,
las imaginarias azucenas
y un poco de paz,
pero el horror se agranda
y vuelvo a no saber que pensar.
entonces corro a la botella y
a mis amigos
pero tampoco me puedo encontrar.
entonces corro a mi pasado, pero
ni lo quiero nombrar.
entonces corro y me reconozco
en el agua, en el viento,
en la luz, en las nubes,
en las plantas, en el arte,
en los movimientos, y me comienzo a reencontrar.

luchemos en las puertas del Arte sobre el desorden del Amor.

desplázate, ingrávida, sobre el río, tal vez no exista un Mar.

y aunque sosos salmones te indiquen que la trayectoria es hacia atrás,
he sabido al morir de pena, amor y desolación que,
evadiendo las corrientes naturales
se cavan, extenuados, sus propios túmulos
o son devorados por los osos, usureros, de los emporios y el capital.


sin embargo, nada de esto me sirve, si vos, alstroemeria, no me llevas.
 

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