Moriae
Poeta recién llegado
Era un lugar indecente donde en cada casa
colgaba un cartel que decía: -Esta casa es decente-.
pero las criaturas de la noche lo arrancaban
cuando la gente dormía.
Era Anselmo poca cosa pero tenía un sol
pegado a sus narices, era brillante
y ningún ser veía la oscuridad de su fondo.
En cambio Lucía no tenía color en sus mejillas
y nadie comprendía la luz que desprendían
sus dulces ojos.
Era de día y el sol molestaba
cuando Lucía comenzó a sentirse mal
y quiso abandonar el local de paredes blancas,
al abrir la puerta se encontró con Anselmo.
Él la cogió del brazo y ella se dejó llevar.
En el lugar, los vecinos murmuraban
sobre la mala elección de Anselmo.
Una tarde el sol se apartó de la nariz de Anselmo
y emergió la luna que iluminó la cara de Lucía,
se pudieron ver en ella unos bellos rasgos,
antes ocultos, y ahora claros y expresivos.
Desde entonces Lucía comenzó a andar
y Anselmo se quedó esperando un sol
que ya nunca más se posó en su nariz.
colgaba un cartel que decía: -Esta casa es decente-.
pero las criaturas de la noche lo arrancaban
cuando la gente dormía.
Era Anselmo poca cosa pero tenía un sol
pegado a sus narices, era brillante
y ningún ser veía la oscuridad de su fondo.
En cambio Lucía no tenía color en sus mejillas
y nadie comprendía la luz que desprendían
sus dulces ojos.
Era de día y el sol molestaba
cuando Lucía comenzó a sentirse mal
y quiso abandonar el local de paredes blancas,
al abrir la puerta se encontró con Anselmo.
Él la cogió del brazo y ella se dejó llevar.
En el lugar, los vecinos murmuraban
sobre la mala elección de Anselmo.
Una tarde el sol se apartó de la nariz de Anselmo
y emergió la luna que iluminó la cara de Lucía,
se pudieron ver en ella unos bellos rasgos,
antes ocultos, y ahora claros y expresivos.
Desde entonces Lucía comenzó a andar
y Anselmo se quedó esperando un sol
que ya nunca más se posó en su nariz.