Katia N. Barillas
Radio Cultural-Literario*Escritor*Poeta*Declamador
¿Palabras de amor o poesía apasionada?.
¡NO!; es el canto triste de un Ruiseñor.
Temen sus polluelos echarse a volar,
por el bosque inmenso que han de abrazar.
El riachuelo es, el espejo encantador,
que refleja su alma, su gigantesco sol;
y el onix de sus ojos, brillando con la lágrima,
que está presta a rodar, por su mejilla emplumada.
Se escucha entre la niebla, la risa de las Hienas,
despertando los miedos, embrujo de mis sueños;
el reloj timbrante, marcando está las doce,
y el eco del silbido, del viento susurrante,
se queda en mi ventana.
La Mariposa negra, se posó en mi jardín,
por donde viajo inerte, buscando buena suerte.
Y vuelve su mirada, hacia mi sombra quieta,
posada en la pared, soñando sigilosa,
se escarcha mi ilusión, en brazos de Morfeo,
cuando ella aletea y deja ver su luz.
Se vuelca hacia el jardín... onírico, de ensueño;
de encantado placer, al fondo del follaje;
haciendo del paisaje, la vista convincente,
en donde tanta duda, desnuda al inocente.
Mi mente poderosa, se fundió con los rayos;
es tanta la energía, que parí mil ideas;
y se queda mi boca, muda en el pensamiento,
Paloma mensajera que no puede partir,
ni recorrer distancias allá en la inmensidad,
para llegar segura, donde está éste poeta
que es autor de estas letras,
que son verso y canción.
Agitado el corazón,
se embeleza con la lira del bohemio;
el espíritu trovador, trémulo y soñador,
se regresó en el tiempo,
dándole nueva vida, a mi cansado cuerpo.
¿Se envolvió en el aire,
un soplo de caricia;
o quizás la alborada
del pensamiento yerto?.
Resucité osado, de mi sueño airoso;
no escuché cantar, al triste Ruiseñor,
ni Mariposas negras, volando en deredor;
tan sólo recuerdo, sus brillantes ojos negros,
cual Onix seductor,
en donde había tejido, mi delírico anhelo,...
las tantas realidades de este lúcido sueño.
Poesía apasionada, secreto y voz de estos lares,
espumosa ola, de belleza escondida,
ocultádme en la sombra del sol de tus mares.
¡NO!; es el canto triste de un Ruiseñor.
Temen sus polluelos echarse a volar,
por el bosque inmenso que han de abrazar.
El riachuelo es, el espejo encantador,
que refleja su alma, su gigantesco sol;
y el onix de sus ojos, brillando con la lágrima,
que está presta a rodar, por su mejilla emplumada.
Se escucha entre la niebla, la risa de las Hienas,
despertando los miedos, embrujo de mis sueños;
el reloj timbrante, marcando está las doce,
y el eco del silbido, del viento susurrante,
se queda en mi ventana.
La Mariposa negra, se posó en mi jardín,
por donde viajo inerte, buscando buena suerte.
Y vuelve su mirada, hacia mi sombra quieta,
posada en la pared, soñando sigilosa,
se escarcha mi ilusión, en brazos de Morfeo,
cuando ella aletea y deja ver su luz.
Se vuelca hacia el jardín... onírico, de ensueño;
de encantado placer, al fondo del follaje;
haciendo del paisaje, la vista convincente,
en donde tanta duda, desnuda al inocente.
Mi mente poderosa, se fundió con los rayos;
es tanta la energía, que parí mil ideas;
y se queda mi boca, muda en el pensamiento,
Paloma mensajera que no puede partir,
ni recorrer distancias allá en la inmensidad,
para llegar segura, donde está éste poeta
que es autor de estas letras,
que son verso y canción.
Agitado el corazón,
se embeleza con la lira del bohemio;
el espíritu trovador, trémulo y soñador,
se regresó en el tiempo,
dándole nueva vida, a mi cansado cuerpo.
¿Se envolvió en el aire,
un soplo de caricia;
o quizás la alborada
del pensamiento yerto?.
Resucité osado, de mi sueño airoso;
no escuché cantar, al triste Ruiseñor,
ni Mariposas negras, volando en deredor;
tan sólo recuerdo, sus brillantes ojos negros,
cual Onix seductor,
en donde había tejido, mi delírico anhelo,...
las tantas realidades de este lúcido sueño.
Poesía apasionada, secreto y voz de estos lares,
espumosa ola, de belleza escondida,
ocultádme en la sombra del sol de tus mares.
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