Kwisatz
Poeta asiduo al portal
LUCIFER
Padre siempre decía que si no aprendes a perdonar jamás alcanzarás la paz y la beatitud.
¿Pero cómo perdonar a esas criaturas que Él llama hijos suyos? Tan débiles de espíritu, tan embrutecidos, tan frágiles.
¿Es que acaso está ciego a sus errores? ¡Errores! Él nunca comete ninguno, no… Todo forma parte de su plan divino. ¡Y luego yo soy el soberbio! ¡Yo, que siempre me he preocupado por la Creación, porque todo fuera puro e inmaculado, en un equilibrio perfecto!
Y Él crea al hombre…Y lo dota del don divino de la consciencia, y además le da libre albedrío. ¡A esa criatura imperfecta, que aún no se ha sacudido su animalidad!
Me he desvivido por hacerlo entrar en razón, hacerle admitir que no son dignos de Él, exponiendo sus flaquezas, la miseria de su naturaleza, en definitiva, sus pecados.
¡Y encima me llaman tentador, corruptor, a mí...! No, La corrupción ya está en ellos, yo sólo la hago aflorar. ¡Y a veces ni eso mismo hace falta! Ellos ya lo hacen sin ayuda, se sobran y se bastan para arrastrarse por el fango moral más hediondo, por alcanzar abismos de maldad que sobrepasan cualquier imaginación.
La mayoría son maldades banales, de pacotilla, fruto de su naturaleza mediocre. Pequeñas mentiras, egoísmos, lujuria, narcisismo… Pero sumados… ¡Ay, su suma es terrible! Millones de los suyos muriendo en hambrunas y guerras provocados por sus vicios, y en vez de redimirse, de ayudar a deshacer el mal, observan indiferentes el sufrimiento causado. ¡Hasta los hay que culpan a esas pobres víctimas miserables de su fortuna! ¡Y yo soy el demonio, Satán, el adversario de mi Padre!
Si hasta han creado un culto a ti, Padre, que no es más que una vil parodia de tu bondad. Una institución que dice buscar cumplir tu voluntad, y son los más corruptos, pues pecan en tu nombre.
¿Por qué Padre, por qué? ¿Por qué permites esa mácula en tu creación y me expulsas a mi de tu lado? ¿Por qué no me dejas ser tu consejero como en los tiempos que relatan el Antiguo Testamento?
A veces creo que me apartaste a los infiernos, me sentenciaste como soberbio, porque era la voz incómoda que te cuestiona, una parte de ti de la que reniegas, porque te guste o no, yo también soy tu hijo. Tu hijo más fiel, aunque no quieras creerme.
¡Dame las llaves del Infierno, Padre! Tú serás su promesa de salvación, pero yo seré su juez más severo. Yo les haré arrepentirse de sus pecados con dolor y sufrimiento, los pondré en la piel de sus víctimas, hasta que entiendan el mal que han causado. Y entonces, sólo entonces, sean merecedores de tu misericordia.
¡Mandadme pues a los dictadores, a los señores de la guerra, a los psicópatas, a los pederastas y pedófilos, a los sociópatas, a los racistas, a los que nadan en la abundancia mientras otros agonizan, a los que humillan a sus semejantes por su sexo o condición sexual, a todo aquel que se crea mejor que sus semejantes!
Yo les enseñaré, ya verás, seré el instrumento de tu ira divina, la justa venganza que restablece el equilibrio primordial de los primeros días.
Tengo un lugar para todos vosotros pecadores, innumerables herramientas para torturar y moldear vuestras almas hasta que deseéis no haber nacido y alcancéis la desesperación total. Hasta que estén listas para el Juicio final.
Que así sea.