AMANT
Poeta adicto al portal
Hoy murió,
falleció entre versos y rosas
_tal como nació_.
A su destino ulterior, llegó.
Con te amos,
intentaste resucitarlo,
con respiración de boca a boca,
empero la muerte
en sus inclementes manos
lo había, para siempre, atrapado.
Hoy murió,
ese amor irrealizable,
poético,
imposible,
irracional,
que de letras, sonidos
y mudas imágenes
se alimentaba;
ese de esencia virtual
que para mí había sido,
de todos, el más real;
dejó de existir inevitablemente.
Qué alegría
y qué tristeza
siente el alma mía.
Ya no suspiro,
ya no verso,
la inspiración he perdido.
Dulces sicarios aliados,
la distancia, el tiempo,
tu indiferencia
y la frialdad de tu trato,
sin piedad, le asesinaron.
Hoy feneció,
ese hermoso sentimiento
que cundía mis adentros.
Se acabó, para él, el dolor.
Al fin, su agonía cesó.
Esa bella flor agreste,
de frágil corola
y pétalos celestes,
que entre cardos,
yedras y ortigas crecía;
que inmarcesible ser creía;
que inmortal se sentía;
hecha de fantasía y poesía;
ser tan eterna como mía, demostró...
Hoy expiró.
Hoy, partiste sin mirar atrás,
luego de partir mi corazón,
mismo que día a día
y noche a noche paría adoración.
Te alejaste, y a recordarme, sabía
que jamás volverías;
entonces, al viento,
en secreto, musité:
Amor de mi vida,
de verdad te amé.
Ojalá seas muy feliz
y siempre te bendiga Dios.
Acabó,
se terminó,
concluyó,
llegó a su fin,
sucumbió, por ti, mi amor.
Este poema no habla de mis sentimientos actuales.
Te amo, bebé.
falleció entre versos y rosas
_tal como nació_.
A su destino ulterior, llegó.
Con te amos,
intentaste resucitarlo,
con respiración de boca a boca,
empero la muerte
en sus inclementes manos
lo había, para siempre, atrapado.
Hoy murió,
ese amor irrealizable,
poético,
imposible,
irracional,
que de letras, sonidos
y mudas imágenes
se alimentaba;
ese de esencia virtual
que para mí había sido,
de todos, el más real;
dejó de existir inevitablemente.
Qué alegría
y qué tristeza
siente el alma mía.
Ya no suspiro,
ya no verso,
la inspiración he perdido.
Dulces sicarios aliados,
la distancia, el tiempo,
tu indiferencia
y la frialdad de tu trato,
sin piedad, le asesinaron.
Hoy feneció,
ese hermoso sentimiento
que cundía mis adentros.
Se acabó, para él, el dolor.
Al fin, su agonía cesó.
Esa bella flor agreste,
de frágil corola
y pétalos celestes,
que entre cardos,
yedras y ortigas crecía;
que inmarcesible ser creía;
que inmortal se sentía;
hecha de fantasía y poesía;
ser tan eterna como mía, demostró...
Hoy expiró.
Hoy, partiste sin mirar atrás,
luego de partir mi corazón,
mismo que día a día
y noche a noche paría adoración.
Te alejaste, y a recordarme, sabía
que jamás volverías;
entonces, al viento,
en secreto, musité:
Amor de mi vida,
de verdad te amé.
Ojalá seas muy feliz
y siempre te bendiga Dios.
Acabó,
se terminó,
concluyó,
llegó a su fin,
sucumbió, por ti, mi amor.
Este poema no habla de mis sentimientos actuales.
Te amo, bebé.
Última edición: