Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
LUEGO DE HACER LA LLAMADA
Luego de hacer la llamada,
de vislumbrar el asombro como promesa
derramando escuálidos óxidos
ha llegado el instante de la gracia,
ese modo de enloquecernos con los colores prófugos
que van despidiendo las cosas que tocamos
y es que el tiempo esparce su agua inmaterial,
los días por fin terminaron de destilar su néctar de experiencia
para configurar un roce, un abrazo, un beso en las fronteras
donde el sueño aún persiste en su sidérea cascada.
No se requieren más que chasquidos
para percudir tristezas y enjuagar lágrimas de bronce,
abrazos paupérrimos de falaz melancolía.
Luego, hemos de regresar a los comienzos,
a los inicios del Verbo,
sembraremos nuestro germen de esperanza
para cosechar irascibles carcajadas incruentas.
Luego de hacer la llamada,
de vislumbrar el asombro como promesa
derramando escuálidos óxidos
ha llegado el instante de la gracia,
ese modo de enloquecernos con los colores prófugos
que van despidiendo las cosas que tocamos
y es que el tiempo esparce su agua inmaterial,
los días por fin terminaron de destilar su néctar de experiencia
para configurar un roce, un abrazo, un beso en las fronteras
donde el sueño aún persiste en su sidérea cascada.
No se requieren más que chasquidos
para percudir tristezas y enjuagar lágrimas de bronce,
abrazos paupérrimos de falaz melancolía.
Luego, hemos de regresar a los comienzos,
a los inicios del Verbo,
sembraremos nuestro germen de esperanza
para cosechar irascibles carcajadas incruentas.
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