Mitra
Poeta adicto al portal
El laúd (silva)
Se presenta, vapor
en un ramo de notas entre el viento;
colorea una estrella, va sediento
del tacto y su clamor.
Un canto ya risueño
entre cuerdas uniendo los sentidos,
un oasis; la arena y sus vestidos
se baten en sus sueños.
Los siete velos (silva)
Fué en el reino de Hades
anhelante la diosa fugaz, dueña
de sus pasos; valor enamorado.
¡Tamuz! Ella a dejado
toda piel en los pétalos, va y sueña
-desnudándose en siete de sus velos-
encontrarte, su amado.
Un misterios danzado
para Ishtar, ¡En su honor y a sus revelos!.
La serpiente (silva)
Exaltando a la tierra
se disuelve la fiera hinchando un fuego
en las venas del alba que en la guerra
se conmueven impávidas del juego
de Uazit, ¡diosa!, te ruego
mi guardiana serpiente seas luego
cuando yerto vibre; seré
polvareda en el reino que se cierra.
La derbake (silva)
En palpitos de antaño
se consume el harén de percusiones
en la piel que se mezcla con la arena,
miel de un ritual huraño.
¡Grítale con el polvo en tus fusiones!;
de luz fértil en cobre que envenena.
Mi odalisca (madrigal)
Se abre el telón de lumbre
de tu compás, percusiones movidas,
caderas que mecidas
van delineando con sutil deslumbre
la ilusión de la noche
entre los velos, dibujando huellas
de tus siluetas bellas;
con el dorado vuelo y su derroche.
La derbake se esfuma
en porte majestuoso, mi odalisca;
el laúd dio ventisca
muriendo entre tu vientre, de oro y bruma.
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