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Luna ausente

danie

solo un pensamiento...
¿Cuántos ébanos le han dado sombra a mis muertes?
Son tantos que invaden los sueños con sus espectros
que los ánimos tienen el sabor de los cielos cenicientos
y los arrojos se pierden en la mirada de la luna ausente.


Alzo la vista y busco a la luna en ausencia,
busco sus ojos tiernos, pero no los encuentro,
sólo me tropiezo con otra inmensa noche
que puebla las calles con baldíos y desiertos;
sobre mi umbral las memorias vierten ruegos,
piden un poco de súbita clemencia,
y ella, muestras simple indiferencia.


Clamar por la hermosa Selene,
por la musa lunar,
la única capaz de arropar con suavidad,
la que hoy, como tantas otras noches,
no refleja su alada y franca presencia,
no es más que un acto abatido del corazón
y su vergüenza.


¿Oh, luz nocturna, por qué no apareces
para sosegar la herida de mi pena y, tal vez,
así traerle un poco de lenitivo a mi sangre y su condena?
¿Por qué no me acaricias con tu tez de ángel
y con los recuerdos de las cálidas canciones de cuna?


Acaso no ves que mis pies echan raíces en la soledad,
mis manos se aferran al frío seno de la orfandad
con todos sus desvanes disipados en el tiempo,
con la daga punzante de la decepción materna.


¿Cómo soportar el dolor por el desprecio de la luna
en todas mis noctívagas noches?
De esta forma yo me vuelvo uno de ellos,
otro sombrío ébano,
uno más de esos inmensos y macizos retratos
que tanto, desde el preludio de la noche, me atormentan.


¿Por qué esperas tanto para cobijarme con tu calor
y así curar para siempre mi terca aversión?
Gran matrona del cíclope universo,
que me observa con su único ojo a tientas,
no derrames más esta escarcha de desilusión
sobre las grietas de mi pecho,
no tardes más en aparecer
y consiénteme con tu abrasador afecto.

 
¿Cuántos ébanos le han dado sombra a mis muertes?
Son tantos que invaden los sueños con sus espectros
que los ánimos tienen el sabor de los cielos cenicientos
y los arrojos se pierden en la mirada de la luna ausente.


Alzo la vista y busco a la luna en ausencia,
busco sus ojos tiernos, pero no los encuentro,
sólo me tropiezo con otra inmensa noche
que puebla las calles con baldíos y desiertos;
sobre mi umbral las memorias vierten ruegos,
piden un poco de súbita clemencia,
y ella, muestras simple indiferencia.


Clamar por la hermosa Selene,
por la musa lunar,
la única capaz de arropar con suavidad,
la que hoy, como tantas otras noches,
no refleja su alada y franca presencia,
no es más que un acto abatido del corazón
y su vergüenza.


¿Oh, luz nocturna, por qué no apareces
para sosegar la herida de mi pena y, tal vez,
así traerle un poco de lenitivo a mi sangre y su condena?
¿Por qué no me acaricias con tu tez de ángel
y con los recuerdos de las cálidas canciones de cuna?


Acaso no ves que mis pies echan raíces en la soledad,
mis manos se aferran al frío seno de la orfandad
con todos sus desvanes disipados en el tiempo,
con la daga punzante de la decepción materna.


¿Cómo soportar el dolor por el desprecio de la luna
en todas mis noctívagas noches?
De esta forma yo me vuelvo uno de ellos,
otro sombrío ébano,
uno más de esos inmensos y macizos retratos
que tanto, desde el preludio de la noche, me atormentan.


¿Por qué esperas tanto para cobijarme con tu calor
y así curar para siempre mi terca aversión?
Gran matrona del cíclope universo,
que me observa con su único ojo a tientas,
no derrames más esta escarcha de desilusión
sobre las grietas de mi pecho,
no tardes más en aparecer
y consiénteme con tu abrasador afecto.
Un gran canto a la luna Daniel, muy melancólico sobre alguien que las sombras le han acompañado en su existir, no viendo la luz permanente por mucho tiempo, ya que el día no es día y la noche se hace más oscura y todo, por no ser agraciado por la luna, musa de los enamorados.
Muy buena inspiración en este gran trabajo poético amigo, me ha encantado.
Un fuerte abrazo.
 
Se siente ese vacío, en el que caemos cuando por alguna razón le reclamamos a alguien, esta vez lo haces a la luna, o a alguien en especial, pero creo, que somos nosotros los que nos abandonamos cuando nos dejamos embargar de la tristeza, bello emotivo poema, sobre esos instantes en que nos hacemos vulnerables, un abrazo amiguito
 
hay luces que no siempre están presentes, saludos
¿Cuántos ébanos le han dado sombra a mis muertes?
Son tantos que invaden los sueños con sus espectros
que los ánimos tienen el sabor de los cielos cenicientos
y los arrojos se pierden en la mirada de la luna ausente.


Alzo la vista y busco a la luna en ausencia,
busco sus ojos tiernos, pero no los encuentro,
sólo me tropiezo con otra inmensa noche
que puebla las calles con baldíos y desiertos;
sobre mi umbral las memorias vierten ruegos,
piden un poco de súbita clemencia,
y ella, muestras simple indiferencia.


Clamar por la hermosa Selene,
por la musa lunar,
la única capaz de arropar con suavidad,
la que hoy, como tantas otras noches,
no refleja su alada y franca presencia,
no es más que un acto abatido del corazón
y su vergüenza.


¿Oh, luz nocturna, por qué no apareces
para sosegar la herida de mi pena y, tal vez,
así traerle un poco de lenitivo a mi sangre y su condena?
¿Por qué no me acaricias con tu tez de ángel
y con los recuerdos de las cálidas canciones de cuna?


Acaso no ves que mis pies echan raíces en la soledad,
mis manos se aferran al frío seno de la orfandad
con todos sus desvanes disipados en el tiempo,
con la daga punzante de la decepción materna.


¿Cómo soportar el dolor por el desprecio de la luna
en todas mis noctívagas noches?
De esta forma yo me vuelvo uno de ellos,
otro sombrío ébano,
uno más de esos inmensos y macizos retratos
que tanto, desde el preludio de la noche, me atormentan.


¿Por qué esperas tanto para cobijarme con tu calor
y así curar para siempre mi terca aversión?
Gran matrona del cíclope universo,
que me observa con su único ojo a tientas,
no derrames más esta escarcha de desilusión
sobre las grietas de mi pecho,
no tardes más en aparecer
y consiénteme con tu abrasador afecto.
 
¿Cuántos ébanos le han dado sombra a mis muertes?
Son tantos que invaden los sueños con sus espectros
que los ánimos tienen el sabor de los cielos cenicientos
y los arrojos se pierden en la mirada de la luna ausente.


Alzo la vista y busco a la luna en ausencia,
busco sus ojos tiernos, pero no los encuentro,
sólo me tropiezo con otra inmensa noche
que puebla las calles con baldíos y desiertos;
sobre mi umbral las memorias vierten ruegos,
piden un poco de súbita clemencia,
y ella, muestras simple indiferencia.


Clamar por la hermosa Selene,
por la musa lunar,
la única capaz de arropar con suavidad,
la que hoy, como tantas otras noches,
no refleja su alada y franca presencia,
no es más que un acto abatido del corazón
y su vergüenza.


¿Oh, luz nocturna, por qué no apareces
para sosegar la herida de mi pena y, tal vez,
así traerle un poco de lenitivo a mi sangre y su condena?
¿Por qué no me acaricias con tu tez de ángel
y con los recuerdos de las cálidas canciones de cuna?


Acaso no ves que mis pies echan raíces en la soledad,
mis manos se aferran al frío seno de la orfandad
con todos sus desvanes disipados en el tiempo,
con la daga punzante de la decepción materna.


¿Cómo soportar el dolor por el desprecio de la luna
en todas mis noctívagas noches?
De esta forma yo me vuelvo uno de ellos,
otro sombrío ébano,
uno más de esos inmensos y macizos retratos
que tanto, desde el preludio de la noche, me atormentan.


¿Por qué esperas tanto para cobijarme con tu calor
y así curar para siempre mi terca aversión?
Gran matrona del cíclope universo,
que me observa con su único ojo a tientas,
no derrames más esta escarcha de desilusión
sobre las grietas de mi pecho,
no tardes más en aparecer
y consiénteme con tu abrasador afecto.
El dolor que siempre resulta ser emotivo cuando se expresa con todos los sentidos, es como lograr llegar a esa nuerte y resucitar en ella... para volver a contemplar la belleza creada por tus letras, un abrazo poeta.
 
¿Cuántos ébanos le han dado sombra a mis muertes?
Son tantos que invaden los sueños con sus espectros
que los ánimos tienen el sabor de los cielos cenicientos
y los arrojos se pierden en la mirada de la luna ausente.


Alzo la vista y busco a la luna en ausencia,
busco sus ojos tiernos, pero no los encuentro,
sólo me tropiezo con otra inmensa noche
que puebla las calles con baldíos y desiertos;
sobre mi umbral las memorias vierten ruegos,
piden un poco de súbita clemencia,
y ella, muestras simple indiferencia.


Clamar por la hermosa Selene,
por la musa lunar,
la única capaz de arropar con suavidad,
la que hoy, como tantas otras noches,
no refleja su alada y franca presencia,
no es más que un acto abatido del corazón
y su vergüenza.


¿Oh, luz nocturna, por qué no apareces
para sosegar la herida de mi pena y, tal vez,
así traerle un poco de lenitivo a mi sangre y su condena?
¿Por qué no me acaricias con tu tez de ángel
y con los recuerdos de las cálidas canciones de cuna?


Acaso no ves que mis pies echan raíces en la soledad,
mis manos se aferran al frío seno de la orfandad
con todos sus desvanes disipados en el tiempo,
con la daga punzante de la decepción materna.


¿Cómo soportar el dolor por el desprecio de la luna
en todas mis noctívagas noches?
De esta forma yo me vuelvo uno de ellos,
otro sombrío ébano,
uno más de esos inmensos y macizos retratos
que tanto, desde el preludio de la noche, me atormentan.


¿Por qué esperas tanto para cobijarme con tu calor
y así curar para siempre mi terca aversión?
Gran matrona del cíclope universo,
que me observa con su único ojo a tientas,
no derrames más esta escarcha de desilusión
sobre las grietas de mi pecho,
no tardes más en aparecer
y consiénteme con tu abrasador afecto.

Soberbio poema melancólico Daniel y es que la luna cuando no asoma, cuando el eterno está cubierto, nos falta ese algo que nos da vida y hace ver que no estamos solos.
Sublime inspiración Daniel.
Felicitaciones por este magnífico trabajo.
Cordial saludo amigo
 

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