Luna blanca

Manuel Valero Ayuste

Poeta recién llegado
Este poema está dedicado a la tierra de mi amada, que la vio nacer.
La primera vez que me llevaste, ilusionada, llegamos en la noche,
la noche era silenciosa, de luna clara.
Ya se divisaban las tejas, rojizas, vestidas de blanca escarcha.

En el silencio de la noche se oían los caños de la fuente,
de agua fría y clara.

Calles estrechas, casas de piedra, tejados rojizos, chimeneas blancas.

En la alta montaña, un castillo, rodeado de enebros y pinos verdes,
con la luz de la luna.

Por la mañana ya empezaba la fiesta, la fiesta de la Virgen de la Blanca.
Los vecinos llevaban lirios y flores, rosas rojas y blancas.
La Virgen con el niño en brazos, con cariño los esperaba.

Esta es la tierra de mi amada, la que yo quise y ella me amaba.
Ahora voy a su tierra, tierra noble, soriana, de noches de luna clara,
yo voy triste, pero su alma me acompaña.
 
Última edición:
Una triste historia, regresar al lugar donde tanto se compartió el amor... Y volver después de un tiempo
para recordar tan sólo los momentos compartidos; porque ya no se encuentra la protagonista de la presente
historia, realmente es fuerte. Pero de hecho son cosas de la vida real... Bello sentir Manuel...
Cordialmente:
 
Este poema está dedicado a la tierra de mi amada, que la vio nacer.
La primera vez que me llevaste, ilusionada, llegamos en la noche,
la noche era silenciosa, de luna clara.
Ya se divisaban las tejas, rojizas, vestidas de blanca escarcha.

En el silencio de la noche se oían los caños de la fuente,
de agua fría y clara.

Calles estrechas, casas de piedra, tejados rojizos, chimeneas blancas.

En la alta montaña, un castillo, rodeado de enebros y pinos verdes,
con la luz de la luna.

Por la mañana ya empezaba la fiesta, la fiesta de la Virgen de la Blanca.
Los vecinos llevaban lirios y flores, rosas rojas y blancas.
La Virgen con el niño en brazos, con cariño los esperaba.

Esta es la tierra de mi amada, la que yo quise y ella me amaba.
Ahora voy a su tierra, tierra noble, soriana, de noches de luna clara,
yo voy triste, pero su alma me acompaña.
Bello y conmovedor poema, dibujas bellos paisajes con tus versos y cristalinos sentimientos que nunca olvidarán lo vivido con ella en su hermosa tierra, me ha gustado mucho amigo Manuel. Un abrazo. Paco.
 

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