Luna negra.-

Isaías Súvel

Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
LUNA NEGRA
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¿Han visto alguna vez,
entre las nubes sutiles,
que entre rosa y violeta,
esconden a la coqueta,
redondez allá suspendida,
cuya luz le brinda el sol
y fulgente y palidecida,
como farol centelleante,
en tardes tibias de otoño,
acompaña a los amantes?.
Ella ha sido la culpable,
que en mil historias de amor,
ha apresado corazones,
con cadenas de dolor.
Ha sembrado el odio amante
y el negro y agresivo amor.
En mis tardes de fatiga,
la veo oronda pasar,
sin meditar en lo profundo,
de lo infame de su actuar.
Siempre altiva y silenciosa,
con astucia y desparpajo,
perfuma las tardes quietas,
con su aspecto de princesa;
sembrando siempre en otoño,
su malicia irrenunciable,
de enclaustrar los corazones,
con metálicos cerrojos;
y con furia y con arrojo,
los confina en las mazmorras,
del amor inclaudicable;
permeado como es costumbre,
de ese odio irreparable,
que asecha constantemente,
si al corazón lo destrozan,
con la violencia dañina,
del desapego y la traición.
¡Cuánto sufres corazón¡.
Yo acuso a aquella bribona,
que éste delito comete;
y que impune ha vivido,
sin reparar en su daño.
Y además con dolor y pesar,
veo que pasan los años
y ella sigue en su actuar.
¡Que el cielo la maldiga
y las estrellas le nieguen
su compañía nocturna¡.
Y por si acaso se muere,
yo bridaré por los años,
de su resplandeciente engaño;
que gravemente dañó,
la robustez de la prosa
y al habla la hizo rosa
y al corazón lo hizo fuerte;
tan sabio y tan resistente,
que su cantar elevó
y le dio vida a la muerte.

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Última edición:
LUNA NEGRA
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¿Han visto alguna vez,
entre las nubes sutiles,
que entre rosa y violeta,
esconden a la coqueta,
redondez allá suspendida,
cuya luz le brinda el sol
y fulgente y palidecida,
como farol centelleante,
en tardes tibias de otoño,
acompaña a los amantes?.
Ella ha sido la culpable,
que en mil historias de amor,
ha apresado corazones,
con cadenas de dolor.
Ha sembrado el odio amante
y el negro y agresivo amor.
En mis tardes de fatiga,
la veo oronda pasar,
sin meditar en lo profundo,
de lo infame de su actuar.
Siempre altiva y silenciosa,
con astucia y desparpajo,
perfuma las tardes quietas,
con su aspecto de princesa;
sembrando siempre en otoño,
su malicia irrenunciable,
de enclaustrar los corazones,
con metálicos cerrojos;
y con furia y con arrojo,
los confina en las mazmorras,
del amor inclaudicable;
permeado como es costumbre,
de ese odio irreparable,
que asecha constantemente,
si al corazón lo destrozan,
con la violencia dañina,
del desapego y la traición.
¡Cuánto sufres corazón¡.
Yo acuso a aquella bribona,
que éste delito comete;
y que impune ha vivido,
sin reparar en su daño.
Y además con dolor y pesar,
veo que pasan los años
y ella sigue en su actuar.
¡Que el cielo la maldiga
y las estrellas le nieguen
su compañía nocturna¡.
Y por si acaso se muere,
yo bridaré por los años,
de su resplandeciente engaño;
que gravemente dañó,
la robustez de la prosa
y al habla la hizo rosa
y al corazón lo hizo fuerte;
tan sabio y tan resistente,
que su cantar elevó
y le dio vida a la muerte.



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Sentimientos de amor y odio hacia nuestro bello satélite inspirador de poetas y de los que no lo son. Me ha gustado amigo Isaías. Un abrazo. Paco.
 

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