BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay tumbas que se abren recientemente
y tumbas que se abren rigurosamente
de luto. Hay atmósferas detenidas
que practican su endogamia, y un azulejo brillante,
y un somero recipiente de lata que golpea las sienes.
Hay tumbas de terciopelo, cárceles que dan la necesaria
inhumación a un idiota ajeno, y presidiarios que asumen
que el último navajazo les propiciará un mes de comida gratis.
Hay lechugas y pepinos y acémilas y burros y consejeros
del rey y sombríos demarcaciones de un crepúsculo que,
ignorantemente, crece como una vena, dilatándose.
Hay aguas inocentes, y bautismos, y comediantes que lloran,
y trágicos que ríen de la mano de un payaso, y fricciones de dedos
que exigen el trámite sexual, o el amor de estar enamorado hasta el final.
Hay rostros que se esculpen como cabellos estampados en el metro
y suicidios por cada tren que se derriba en las afueras.
Yo quiero ser toda esa tierra abierta y fragorosa
todo ese musgo delirante y consecuente de las frondas
esas transparencias que hacen que ardan los cuerpos
como naves desaparecidas en destierros adolescentes.
©
y tumbas que se abren rigurosamente
de luto. Hay atmósferas detenidas
que practican su endogamia, y un azulejo brillante,
y un somero recipiente de lata que golpea las sienes.
Hay tumbas de terciopelo, cárceles que dan la necesaria
inhumación a un idiota ajeno, y presidiarios que asumen
que el último navajazo les propiciará un mes de comida gratis.
Hay lechugas y pepinos y acémilas y burros y consejeros
del rey y sombríos demarcaciones de un crepúsculo que,
ignorantemente, crece como una vena, dilatándose.
Hay aguas inocentes, y bautismos, y comediantes que lloran,
y trágicos que ríen de la mano de un payaso, y fricciones de dedos
que exigen el trámite sexual, o el amor de estar enamorado hasta el final.
Hay rostros que se esculpen como cabellos estampados en el metro
y suicidios por cada tren que se derriba en las afueras.
Yo quiero ser toda esa tierra abierta y fragorosa
todo ese musgo delirante y consecuente de las frondas
esas transparencias que hacen que ardan los cuerpos
como naves desaparecidas en destierros adolescentes.
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