Seisen
Poeta adicto al portal
Lloviendo apareció
colado dentro de casa.
No le di mucha importancia,
el reloj las doce dio
y la cama me llamaba…
El sapo feliz croaba
pidiendo besos de amor
¿Será que yo deliraba?
¿O aquel cuento me envolvió?
lo besé con mucho ardor
y el príncipe apareció
con su corona dorada,
empezó a saltar contento
con ojos saltones miraba;
no tenía pies sino patas…
Fue cuando desperté
y reí por no llorar,
cuando vi al sapo temblar
con su cabeza adornada,
lo tomé entre mis manos
y terminé… ¡orinada!
¡Delirio de hechizos mágicos!
El sapo se fue a buscar
a su princesa soñada.
Yo soy reina destronada…
¿A dónde está el viejo sapo?
¿Cuántos más he de besar?