Maikel Sade
Poeta recién llegado
Cuando las lágrimas aneguen tus pupilas de luz,
Cuando las semillas más amargas germinen como alud,
Cuando en pleno verano los días pasen y no las nubes,
Cuando no aparezca el tímido sol en mes de octubre,
Cuando a los narcisos se les rompan los espejos,
Cuando el descampado ajardinado no huela a romero,
Cuando la rueda de la fortuna no te de buenos números,
Cuando el jabón de Marsella huye de entre tus dedos,
Cuando las horas en la herboristería, las horas con la creadora de tu sonrisa.
Las horas blancas, las horas manchadas, te sepan a té verde rancio por las horas in-fusionando entre promesa barata.
Cuando todo eso ocurra, no te ahogues luz de luna,
Cuando las lágrimas te aneguen, para tus diluvios,
Que quiero verte,
Quiero verte siempre sonriente, cegando a todo el que te alabe con sus segundos,
Ahora te veo, te veo desde arriba, te huelo y te beso con mi alma y te beso y te huelo y te veo,
Y te veo ahora cansada, muy cansada,
Descansa sobre la cama de plumas de las alas de mis sueños de críos despiertos.
Cuando las semillas más amargas germinen como alud,
Cuando en pleno verano los días pasen y no las nubes,
Cuando no aparezca el tímido sol en mes de octubre,
Cuando a los narcisos se les rompan los espejos,
Cuando el descampado ajardinado no huela a romero,
Cuando la rueda de la fortuna no te de buenos números,
Cuando el jabón de Marsella huye de entre tus dedos,
Cuando las horas en la herboristería, las horas con la creadora de tu sonrisa.
Las horas blancas, las horas manchadas, te sepan a té verde rancio por las horas in-fusionando entre promesa barata.
Cuando todo eso ocurra, no te ahogues luz de luna,
Cuando las lágrimas te aneguen, para tus diluvios,
Que quiero verte,
Quiero verte siempre sonriente, cegando a todo el que te alabe con sus segundos,
Ahora te veo, te veo desde arriba, te huelo y te beso con mi alma y te beso y te huelo y te veo,
Y te veo ahora cansada, muy cansada,
Descansa sobre la cama de plumas de las alas de mis sueños de críos despiertos.