Madre...
Seguridad en agua bendita de tu cuerpo,
nunca me arranques de tus entrañas de ternura...
¡Desde ya! que es difícil enfrentar este mundo,
hábitat sin igual feliz plena concebida.
Suave nutrir láctico, cuando unos ojos ven;
esferas, luz, vida, la quietud de tu cariño,
el amor de tu canto adormeciéndome en crianza...
Cual designación de un amor único de guarda.
Mis dificultades y tu confianza abnegada...
Nada capaz de entorpecer densidad áurea
vientos, sopaipillas y Valparaíso mar.
Un calido océano y música de boleros.
¡Madre Mía!... Acentuado canto de ángel que brilla,
compañía todavía, en mi alma de poeta.
Ramiro Deladanza
“a ti María Isabel, vigílame desde el universo mamá”
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