Jmanuelcruz
Poeta recién llegado
El viento me había dejado helado, entre al antiguo palacio y con los restos de los tapices hice una fogata, el crucifijo que me diera el vicario y que aún colgaba en el cuello me había salvado y aunque todos en la aldea habían muerto me encontraba decido a volver y exterminarlo, le arrancaría el corazón del pecho y le arrojaría su cabeza al fuego; pensaba en esto mientras asaba una rata al fuego y fue entonces que escuché una risa en la oscuridad del palacio, tomé la antorcha, mi espada y ajuste la malla de mi armadura, el monstruo estaba allí, colgado de cabeza en el techo, me mostró los colmillos y sus ojos rojos.
- Encontrarte fue fácil, puedo oler el mismo aroma repugnante de tu padre.
Presioné el crucifijo contra mi pecho.
- Dios no te salvará está vez, el no vendrá aquí.
- Tal vez muera hoy, pero te llevaré conmigo.
- ¡Patético! Te mataré antes de que tú espada puedas blandir.
El viento apagó mi antorcha, la dejé de ver, escuché su respiración cerca de mi, sería mi fin, pero no me importaba, mi monstruosa madre debía de morir.
Jmanuelcruz.
- Encontrarte fue fácil, puedo oler el mismo aroma repugnante de tu padre.
Presioné el crucifijo contra mi pecho.
- Dios no te salvará está vez, el no vendrá aquí.
- Tal vez muera hoy, pero te llevaré conmigo.
- ¡Patético! Te mataré antes de que tú espada puedas blandir.
El viento apagó mi antorcha, la dejé de ver, escuché su respiración cerca de mi, sería mi fin, pero no me importaba, mi monstruosa madre debía de morir.
Jmanuelcruz.