Sara Lebrel
Poeta recién llegado
Todos los semáforos en rojo
y tuviste el arrojo de seguirme.
De llenar el camino de margaritas
y robar besos de esos que me sonrojan hasta el alma.
Siempre has sabido conjugar el verbo perfecto,
sonreír a la desgracia de mis imprudencias,
mirarme de reojo y pensar en esos gestos tan elocuentes
que desbordaban los límites de la palabra.
Y, ahora, solo pensamos en vernos en los ojos de un niño,
en la calvicie, en una vejez juntos,
en seguir teniendo esta edad cuando cumplamos los 70.
Cuando todo llegue, cuando me quede sin memoria,
cuando tenga un humor de perros,
cuando ya no viajemos y nos amenacen con una residencia,
solo ahí, pon los semáforos de Madrid en verde
para encontrarme contigo por sus calles,
me volveré a poner la falda que tanto te gusta,
discutiremos si la última pastilla nos la tomamos en tu casa o en la mía,
que será la misma.
Veremos sonreír a niños de cuarenta con nuestras sonrisas,
a sus hijos con nuestras pecas,
y nos daremos cuenta de que Madrid siempre ha tenido sentido.
y tuviste el arrojo de seguirme.
De llenar el camino de margaritas
y robar besos de esos que me sonrojan hasta el alma.
Siempre has sabido conjugar el verbo perfecto,
sonreír a la desgracia de mis imprudencias,
mirarme de reojo y pensar en esos gestos tan elocuentes
que desbordaban los límites de la palabra.
Y, ahora, solo pensamos en vernos en los ojos de un niño,
en la calvicie, en una vejez juntos,
en seguir teniendo esta edad cuando cumplamos los 70.
Cuando todo llegue, cuando me quede sin memoria,
cuando tenga un humor de perros,
cuando ya no viajemos y nos amenacen con una residencia,
solo ahí, pon los semáforos de Madrid en verde
para encontrarme contigo por sus calles,
me volveré a poner la falda que tanto te gusta,
discutiremos si la última pastilla nos la tomamos en tu casa o en la mía,
que será la misma.
Veremos sonreír a niños de cuarenta con nuestras sonrisas,
a sus hijos con nuestras pecas,
y nos daremos cuenta de que Madrid siempre ha tenido sentido.