Madrid,
eres ese extraño retrato
de mi persona,
que no te hacen falta las olas
para que las horas
se acuerden de ti.
Y tus entrañables rincones
hacen que seas triste de despedir,
cuando me despido.
Y las alegres gitanillas
vendiendo flores en el Retiro.
Y los ancianos encorvados
echando migas a las palomas.
Y los maltrechos maleantes
que están atentos a los descuidos.
Y te embellecen los charcos
y los reflejos del cielo gris.
Y los pobres desgraciados
están cambiando euros por sonreir,
no saben qué es
el trajeado ajetreo del vivir aquí.
Y los edificios como espinas
se clavan como espinas en el cielo,
que sigue gris.
Y ya hay más putas que esquinas,
que cuentan historias
para no dormir.
Y que te guardo en la memoria
por si algún día me voy de aquí.
eres ese extraño retrato
de mi persona,
que no te hacen falta las olas
para que las horas
se acuerden de ti.
Y tus entrañables rincones
hacen que seas triste de despedir,
cuando me despido.
Y las alegres gitanillas
vendiendo flores en el Retiro.
Y los ancianos encorvados
echando migas a las palomas.
Y los maltrechos maleantes
que están atentos a los descuidos.
Y te embellecen los charcos
y los reflejos del cielo gris.
Y los pobres desgraciados
están cambiando euros por sonreir,
no saben qué es
el trajeado ajetreo del vivir aquí.
Y los edificios como espinas
se clavan como espinas en el cielo,
que sigue gris.
Y ya hay más putas que esquinas,
que cuentan historias
para no dormir.
Y que te guardo en la memoria
por si algún día me voy de aquí.