Héctor Horacio Luisi
Poeta asiduo al portal
La mágica luna ilumina tu cielo,
su luz se ha posado despacio en tu pelo,
y mientras vigilo tu andar entre sombras,
tu esbelta figura me anula y me asombra.
Envidio esta noche a la mágica luna,
pues ella te sigue, bravía te alumbra.
Con miles de estrella te ha recompensado
pues con su lumbrera te ha destacado.
No emite palabras mas todo ilumina.
De ella no escuchas un grito de ira.
Su luminaria destaca tu risa
y esconde muy sabia tu enojo, mi amiga.
¿Por qué esta noche no salen palabras?
¡Son miles de cosas que digo sin habla!
Por eso yo envidio a la mágica luna,
pues ella no habla. Te mira y te alumbra.
Te pido, mi amada, me muestres cordura,
te pido esta noche me hagas tu luna.
Permite entre sombras que tome tu pelo.
Iluminarte quiero con mi cuerpo entero.
Permite esta noche que miran estrellas,
que calle palabras, silencie las quejas.
Que funda mi cuerpo en beso seguro
sin decir palabras huiremos del mundo.
Mi amada señora, mi luna de antaño,
no importa que pasen los días y años,
pues cual las estrellas de un cielo estrellado,
te miro y comprendo que tú no has cambiado.
La noche se esfuma, mi amada señora,
mas mi alma celosa te mira y te añora.
Los rayos del astro habrán penetrado
rompiendo con furia la noche de encanto.
No creas mi amada que el día que aclara,
pudiera llevarse la luna de plata,
pues aunque no vieras el cielo estrellado,
el cielo que pinto, lo tengo grabado.
Grabado en mí mente lo gozo guardado
y el sol con su furia no puede quitarlo.
La mágica luna nos ha iluminado,
pues bajo su lumbre nos hemos amado.
Tú eres la esposa que Dios me ha brindado,
perdona te ruego, pues sé que he fallado.
Mas deja esta noche a la mágica luna,
decirte al oído lo mucho que amo.
Clarea la noche, se asoma otro día,
la mágica luna se vuelve neblina.
Y cual el rocío que cae del cielo,
despacio me inclino, me pierdo en tu cuerpo.
La luna se ha ido, el día ilumina.
Me miras despacio con una sonrisa.
Tus ojos se inundan, ya no tienes prisa.
Hoy viene del cielo una fresca brisa.
Tu olor de mujer quedó en mi memoria.
Tu queja y tu piel ya están en mi historia,
tu eres pasado, presente y futuro,
tu amor en mi vida es un fuerte muro.
Si un día dudaras de mis sentimientos,
recuerda, mi amada la noche que cuento.
Y si por ventura cuestionas al cielo,
haciendo preguntas, respuestas pidiendo;
La noche estrellada dirá que no miento.
La luna que brilla será tu recuerdo.
Y mientras preguntas por tu descontento,
diré que te quiero, te quiero y te quiero.
Diré que te llevo, muy hondo en el pecho;
que mi amor sin duda ha sido honesto.
La mágica luna dirá que fue cierto;
y un día, mi amiga, lo diré en el cielo.
su luz se ha posado despacio en tu pelo,
y mientras vigilo tu andar entre sombras,
tu esbelta figura me anula y me asombra.
Envidio esta noche a la mágica luna,
pues ella te sigue, bravía te alumbra.
Con miles de estrella te ha recompensado
pues con su lumbrera te ha destacado.
No emite palabras mas todo ilumina.
De ella no escuchas un grito de ira.
Su luminaria destaca tu risa
y esconde muy sabia tu enojo, mi amiga.
¿Por qué esta noche no salen palabras?
¡Son miles de cosas que digo sin habla!
Por eso yo envidio a la mágica luna,
pues ella no habla. Te mira y te alumbra.
Te pido, mi amada, me muestres cordura,
te pido esta noche me hagas tu luna.
Permite entre sombras que tome tu pelo.
Iluminarte quiero con mi cuerpo entero.
Permite esta noche que miran estrellas,
que calle palabras, silencie las quejas.
Que funda mi cuerpo en beso seguro
sin decir palabras huiremos del mundo.
Mi amada señora, mi luna de antaño,
no importa que pasen los días y años,
pues cual las estrellas de un cielo estrellado,
te miro y comprendo que tú no has cambiado.
La noche se esfuma, mi amada señora,
mas mi alma celosa te mira y te añora.
Los rayos del astro habrán penetrado
rompiendo con furia la noche de encanto.
No creas mi amada que el día que aclara,
pudiera llevarse la luna de plata,
pues aunque no vieras el cielo estrellado,
el cielo que pinto, lo tengo grabado.
Grabado en mí mente lo gozo guardado
y el sol con su furia no puede quitarlo.
La mágica luna nos ha iluminado,
pues bajo su lumbre nos hemos amado.
Tú eres la esposa que Dios me ha brindado,
perdona te ruego, pues sé que he fallado.
Mas deja esta noche a la mágica luna,
decirte al oído lo mucho que amo.
Clarea la noche, se asoma otro día,
la mágica luna se vuelve neblina.
Y cual el rocío que cae del cielo,
despacio me inclino, me pierdo en tu cuerpo.
La luna se ha ido, el día ilumina.
Me miras despacio con una sonrisa.
Tus ojos se inundan, ya no tienes prisa.
Hoy viene del cielo una fresca brisa.
Tu olor de mujer quedó en mi memoria.
Tu queja y tu piel ya están en mi historia,
tu eres pasado, presente y futuro,
tu amor en mi vida es un fuerte muro.
Si un día dudaras de mis sentimientos,
recuerda, mi amada la noche que cuento.
Y si por ventura cuestionas al cielo,
haciendo preguntas, respuestas pidiendo;
La noche estrellada dirá que no miento.
La luna que brilla será tu recuerdo.
Y mientras preguntas por tu descontento,
diré que te quiero, te quiero y te quiero.
Diré que te llevo, muy hondo en el pecho;
que mi amor sin duda ha sido honesto.
La mágica luna dirá que fue cierto;
y un día, mi amiga, lo diré en el cielo.
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