Magico ejemplar, con las espinas
ajadas a mi vientre y a mi voz,
no me dejan morder el asfalto,
mutiladas, une el trapecio
de una vieja loca o una joven
estridente, sentencia de un silbido
que no deja de caer en mis sienes,
de un ogro envenenado, o
un caballero sin luna, no lo se
gracias por estar.