Y NI SIQUIERA YA ME SONRÍES
cuando triste y enternecido,
descifro tu recuerdo en la pared,
a falta del retrato aquel que decidí devolverte,
por no verte tan callada
días después del diluvio.
Una caprichosa mosca, sin alarde
ha defecado varias veces
sobre tu rostro.
Ha quedado todo grislocado de ausencias.
Desde que no estás
me he vuelto casi inservible.
No escribo en las madrugadas,
no proveo mis manos de rosas
tibias, por las mañanas.
No canto mientras me ducho.
Invisible y apresurado paso
frente al espejo, cierro los ojos,
aprieto los oídos, bien fuerte
para no escucharte ni verte gimiendo
(ya con experiencia)
sobre mi cintura, loca
e inagotable como en otros tiempos.
Han ocurrido hechos trascendentales desde
aquel entonces.
Por ejemplo: compré una guitarra,
manchimorena también,
que me ha ayudado mucho, pero mucho
"a olvidarte"
Introduje nuevos estilos en mi poesía
para reconquistar la luna que te llevaste
(tú sabes cuánto la necesito para mis locuras).
Por otra parte, me he dado el lujo
de no llorar cuando llueve,
ni siquiera ahora,
en octubre.
Entre otras cosas,
me he convertido en un fuerte aliado
de esta indomable soledad,
prodigiosa después de todo.
No obstante:
y he aquí lo enigmático y confidencial que
solo por tratarse de ti
me atrevo a decirlo,
aún, a estas alturas, sigo muerto mi amor.
Imperecederamente muerto.
Por favor, llévalo a la tumba y
perdona la mala noticia.
Ya no podía más.
cuando triste y enternecido,
descifro tu recuerdo en la pared,
a falta del retrato aquel que decidí devolverte,
por no verte tan callada
días después del diluvio.
Una caprichosa mosca, sin alarde
ha defecado varias veces
sobre tu rostro.
Ha quedado todo grislocado de ausencias.
Desde que no estás
me he vuelto casi inservible.
No escribo en las madrugadas,
no proveo mis manos de rosas
tibias, por las mañanas.
No canto mientras me ducho.
Invisible y apresurado paso
frente al espejo, cierro los ojos,
aprieto los oídos, bien fuerte
para no escucharte ni verte gimiendo
(ya con experiencia)
sobre mi cintura, loca
e inagotable como en otros tiempos.
Han ocurrido hechos trascendentales desde
aquel entonces.
Por ejemplo: compré una guitarra,
manchimorena también,
que me ha ayudado mucho, pero mucho
"a olvidarte"
Introduje nuevos estilos en mi poesía
para reconquistar la luna que te llevaste
(tú sabes cuánto la necesito para mis locuras).
Por otra parte, me he dado el lujo
de no llorar cuando llueve,
ni siquiera ahora,
en octubre.
Entre otras cosas,
me he convertido en un fuerte aliado
de esta indomable soledad,
prodigiosa después de todo.
No obstante:
y he aquí lo enigmático y confidencial que
solo por tratarse de ti
me atrevo a decirlo,
aún, a estas alturas, sigo muerto mi amor.
Imperecederamente muerto.
Por favor, llévalo a la tumba y
perdona la mala noticia.
Ya no podía más.