Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Suelos, tacones, suelas.
Yo solía soñar con cuerpos de mujeres, besitos y otras «sabandijadas».
Con aprenderme el diccionario de memoria.
Memoria que solo utilizo para caer en la cuenta, no de quién me las pagará, ni de lo que me deben, sino de lo que intentaron joderme.
Y es que cuando se me paraliza el hipotálamo, vivo en un concurso de sondas cerebrales.
¿Que, qué soy? ¿Extraterrestres? Sí, creo que ésa la echaron el otro día en el zulo del párroco violador de cabrones.
Sin embargo, mi aspecto, afable, amable, perfeccionista como en Hostel, antes de... afeitarme, y después de la puesta de sol, no parece de un puesto de coca.
En definitiva, que no soy ninguna celebración ambulante.
Y ya, puestos a mentir, me rasco el nudillo antes de dar un puñetazo sobre la mesa, después de hacer puñetas.
Todas estas cosillas hacen que vuele en el papel.
Me puedo permitir el lujo, qué cojones.
Solo faltaría que escribir de carrerilla se convirtiese en escribir llevando una carretilla.
Carrete tengo de aquí a la sala de revelados.
¿Humor? Gris.
¿Amor? ¿Alguien dijo amor?
Se me encoge el pecho, me cago en la leche, se me encoge el estómago, bebo leche.
¿Que te pego? Leche.
Y puestos a ser surrealistamente humorísticos, el otro día me encontré con una paloma blanca, paloma negra.
Si es que la luz es lo que tiene (que a veces te quedas como un telonero)
Y es que por más que se empeñen en afirmar que las focas pueden matar de una colleja, prefieren sentirse plausibles en su presencia.
Como si un nudo rodara por los tejados, la policía local patrulla con placas mordidas.
Al alba le falta alboroto, que lo digo yo...
A mi ego le sobra... una buena misa.
O alguien que se parta la camisa jaleando a un ciclista.
¿Avituallamiento? No levanto la cabeza del culo del mundo.
¿He dicho mundo?
Quería decir caparazón de espejos, clínicas mentales blindadas -esto no es una metáfora, ni una hipérbole-.
Y es que en un día se puede perder la cabeza, y en una vida, solo una vida.
Pero horas y tiempo aparte, aquí no se está mal del todo:
"Todavía hay quien para dejar huella lame su propio sello".
Yo solía soñar con cuerpos de mujeres, besitos y otras «sabandijadas».
Con aprenderme el diccionario de memoria.
Memoria que solo utilizo para caer en la cuenta, no de quién me las pagará, ni de lo que me deben, sino de lo que intentaron joderme.
Y es que cuando se me paraliza el hipotálamo, vivo en un concurso de sondas cerebrales.
¿Que, qué soy? ¿Extraterrestres? Sí, creo que ésa la echaron el otro día en el zulo del párroco violador de cabrones.
Sin embargo, mi aspecto, afable, amable, perfeccionista como en Hostel, antes de... afeitarme, y después de la puesta de sol, no parece de un puesto de coca.
En definitiva, que no soy ninguna celebración ambulante.
Y ya, puestos a mentir, me rasco el nudillo antes de dar un puñetazo sobre la mesa, después de hacer puñetas.
Todas estas cosillas hacen que vuele en el papel.
Me puedo permitir el lujo, qué cojones.
Solo faltaría que escribir de carrerilla se convirtiese en escribir llevando una carretilla.
Carrete tengo de aquí a la sala de revelados.
¿Humor? Gris.
¿Amor? ¿Alguien dijo amor?
Se me encoge el pecho, me cago en la leche, se me encoge el estómago, bebo leche.
¿Que te pego? Leche.
Y puestos a ser surrealistamente humorísticos, el otro día me encontré con una paloma blanca, paloma negra.
Si es que la luz es lo que tiene (que a veces te quedas como un telonero)
Y es que por más que se empeñen en afirmar que las focas pueden matar de una colleja, prefieren sentirse plausibles en su presencia.
Como si un nudo rodara por los tejados, la policía local patrulla con placas mordidas.
Al alba le falta alboroto, que lo digo yo...
A mi ego le sobra... una buena misa.
O alguien que se parta la camisa jaleando a un ciclista.
¿Avituallamiento? No levanto la cabeza del culo del mundo.
¿He dicho mundo?
Quería decir caparazón de espejos, clínicas mentales blindadas -esto no es una metáfora, ni una hipérbole-.
Y es que en un día se puede perder la cabeza, y en una vida, solo una vida.
Pero horas y tiempo aparte, aquí no se está mal del todo:
"Todavía hay quien para dejar huella lame su propio sello".