Malak balancea su sonrisa en un campo de refugiados

elena morado

Poeta que considera el portal su segunda casa
Malak sonríe. Sus ojos no odian. Su sonrisa no odia. Sus siete años de sonrisas no odian.

Sonríe y mueve sus manos y lo cuenta como un cuento: "Mi profesora nunca me puso triste. Tenía muchos amigos. Ya no queda nadie".

Malak convierte en una sonrisa un campo de refugiados y balancea sus sueños con un lazo verde sobre el pelo.

Su pelo brilla.

-sólo me puse una vez la ropa de la maleta, pero cayó al mar-. Y sus ojos no odian cuando lo dice.

Sus ojos brillan.

Cuenta que a veces tenía mucho miedo y mucho frío, pero lo cuenta como un cuento mientras sube la montaña: Alicia en el refugio de las maravillas.

Se cuela Ayham: "siempre tenemos miedo. Siempre ha habido guerra donde vivíamos".

Y Malak sigue sonriendo, mientras abraza la esperanza como si fuera su madre.

Y una piensa cuando la mira, cuando la ve balancearse sobre el columpio, agarrarse fuerte a esas cadenas para coger impulso, como si empujara a Siria hacia adelante: el mundo estará en buenas manos.

Antonia Mauro
 
Última edición:
Contra el odio el mejor antídoto es la sonrisa de un niño.
Esa misma sonrisa plasmada en versos es un arma cargada de esperanza.
Poema bellísimo.
 

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