Sergio Qper
Poeta recién llegado
El cielo regurgita tu voz,
y mi cama hiere tu huella de sangre.
No es tu vida la que intenta vivir ahora,
es tu carne la que intenta ser descubierta.
El pálido aliento de tu sexo ahuyenta mi nariz,
tus pieles hieden en la cama donde fuiste mía.
Tu savia interna ha manchado mi culpa
con el color escarlata de tus manos separadas de las mías.
Maldita la hora cuando te conocí.
¡Maldita!
Mi alma condena tus gritos callándoles con truenos físicos
tu imagen por su parte me ata a tus candes formas.
Ya no está tu calor sobre el mío,
y ya jamás habrá de estarlo sobre algún otro.
¡Oh, madre de Sodoma!
De las rameras la más brillosa fueron tus cabellos,
tu voz sincerada endulzando mi bolsillo
mientras mi alma atenta se entregó a tu encanto.
Maldita mujer de harapos inigualables,
Jamás he de ver tu efigie de nuevo en mis sueños.
Maldita cortesana de vellos solares,
nunca habrás de ver un mañana más.
Maldito corazón ciego,
jamás habrás de caer de nuevo en timos.
Maldito amor simulado,
nunca has de amanecer con vida.
Mi alma regurgita mi ignorancia,
y nuestra cama impregna tu sangre en la mía.
No es la vida la que intenta venir ahora,
es nuestra muerte inminente;
callad al silencio...
Qpr-08