Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
El autobús sortea baches a ritmo de ballenato.
En la ventanilla, octubre es una mancha embarrada,
un paisaje al que nadie le cede el asiento.
Pero no importa porque te estoy mirando.
Abres y cierras tu libro.
Dejas que el viento de una rendija te asalte el peinado;
en las hebras de tu pelo se alborotan los trozos
del último sol del día, una latente amenaza de incendio.
De tus ojos entornados escapan peces iridiscentes,
nadan en tu mirada buscando enfocar la noche,
y yo descubro que el negro no es un color
sino el destino de quienes buscan desaparecer
uno en el otro.
No sé de dónde vienes o si vienes de alguna parte;
yo mismo no estoy seguro de estar en mí ahora
o muy lejos, contigo, en nuestro mutuo desconocimiento
que premedita, confabula, planea el accidente de sonreírnos.
Debo preguntar tu nombre para acercarte
al acto de tenernos, porque saber tu nombre es ya besarlo,
es conjugar cada verbo de mi vida con el singular de tu boca,
con el plural de siempre.
De perfil, tienes un nombre con todos sus pétalos,
consecuencia de la lluvia y los relámpagos.
Imagino que tus raíces tocan el principio,
el fundamento del polvo
que se revuelve hasta ser aroma y piel que denuncia
su oceánica ancestría que alcanzó la ola
para soñar la luna.
Porque ya estoy mirando bajo tu suéter, sal paralela
a mi sed bifurcada en breves manos,
debo saltar del asiento y cruzar el pasillo a todo galope
y sacar las selvas de mis alveolos y ventrículos
para decirte: "Hola, no recuerdo cómo me llamo,
pero nacimos para hacer historia".
Pero tu sitio está vacío, de ti no lleno, de ti ausente.
El conductor casi grita: Hasta aquí llego, joven. ¿No me diga
que se quedó dormido?
Y no le digo. Me froto los ojos, que ni siquiera son míos
porque no los miraste.
En el sitio de tu ausencia sedente yace un libro bocabajo;
encima de un fotograma donde Meryl Streep
y Clint Eastwood se abrazan, tristísimos,
leo el título que me sé de memoria: Los puentes de Madison.
Tuve que caminar quince cuadras y varios años
desde la terminal a mi casa
sin ti de la mano.
Escena poscréditos:
Hola, Natalia. Sé tu nombre porque lo escribiste en la portadilla
de un libro que dejaste olvidado en un autobús
el 16 de octubre de 2007.
Si te interesa recuperarlo, por favor, escríbeme al correo...
En la ventanilla, octubre es una mancha embarrada,
un paisaje al que nadie le cede el asiento.
Pero no importa porque te estoy mirando.
Abres y cierras tu libro.
Dejas que el viento de una rendija te asalte el peinado;
en las hebras de tu pelo se alborotan los trozos
del último sol del día, una latente amenaza de incendio.
De tus ojos entornados escapan peces iridiscentes,
nadan en tu mirada buscando enfocar la noche,
y yo descubro que el negro no es un color
sino el destino de quienes buscan desaparecer
uno en el otro.
No sé de dónde vienes o si vienes de alguna parte;
yo mismo no estoy seguro de estar en mí ahora
o muy lejos, contigo, en nuestro mutuo desconocimiento
que premedita, confabula, planea el accidente de sonreírnos.
Debo preguntar tu nombre para acercarte
al acto de tenernos, porque saber tu nombre es ya besarlo,
es conjugar cada verbo de mi vida con el singular de tu boca,
con el plural de siempre.
De perfil, tienes un nombre con todos sus pétalos,
consecuencia de la lluvia y los relámpagos.
Imagino que tus raíces tocan el principio,
el fundamento del polvo
que se revuelve hasta ser aroma y piel que denuncia
su oceánica ancestría que alcanzó la ola
para soñar la luna.
Porque ya estoy mirando bajo tu suéter, sal paralela
a mi sed bifurcada en breves manos,
debo saltar del asiento y cruzar el pasillo a todo galope
y sacar las selvas de mis alveolos y ventrículos
para decirte: "Hola, no recuerdo cómo me llamo,
pero nacimos para hacer historia".
Pero tu sitio está vacío, de ti no lleno, de ti ausente.
El conductor casi grita: Hasta aquí llego, joven. ¿No me diga
que se quedó dormido?
Y no le digo. Me froto los ojos, que ni siquiera son míos
porque no los miraste.
En el sitio de tu ausencia sedente yace un libro bocabajo;
encima de un fotograma donde Meryl Streep
y Clint Eastwood se abrazan, tristísimos,
leo el título que me sé de memoria: Los puentes de Madison.
Tuve que caminar quince cuadras y varios años
desde la terminal a mi casa
sin ti de la mano.
Pedro Olvera, 04 de enero de 2024.
Escena poscréditos:
Hola, Natalia. Sé tu nombre porque lo escribiste en la portadilla
de un libro que dejaste olvidado en un autobús
el 16 de octubre de 2007.
Si te interesa recuperarlo, por favor, escríbeme al correo...
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