Maldita seducción..

*Lυŋα d' ρlαтα*

Poeta fiel al portal
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Corría apresuradamente por el callejón de cuchillos, donde las personas que entraban no salían, pinturas de todo tipo se cruzaban en las paredes, blancos grisáceos, rojos templados; intentando detenerme mentalmente, eran difusas debido a la mugre que chorreaba por causa de la lluvia.


Mire hacia atrás, no alcance observar nada, era poco mas tarde de las 2:00pm.
La respiración me aniquilaba como una daga en mi pecho, tenia que detenerme si no quería asfixiarme con tanto dolor.
Mis poros empezaban a escupir sangre, no tuve miedo simple coincidencia, por un instante desee beberme los fluidos que rebosaban de mi cuerpo en su efervescencia.


Camine lento cuatro cuadras mas adelante, ya había pasado la casa de Rodrigo, lo espere tantas veces que es imposible olvidar ese detalle. Pasaba casualmente por una pasarela. Me asome con medio cuerpo fuera de la barandilla.
Distraída me fijaba en la velocidad de los autos deslizándose sobre el pavimento e intentaba contarlos silenciosamente.
Ya no sabia que pensar, lo que daba vueltas en mi cabeza era su rostro y sus lentes de contacto azul cielo, eran hermosos; me perdía en ellos procurando no se percatara.
El reflejo de las luces entre el smog, el sonido entumecedor de los autos y mil metros de profundidad querían enloquecerme.
Se estaciona un mercedes antiguo color negro, flemáticamente baja de el un hombre bien parecido, alto, muy blanco, de cabellos negros, traía un sobretodo que cubría disimuladamente manchas de sangre en su pantalón. No entendí muy bien lo que dijo pero me sonroje indiscreta; debí suponerlo era el, sorprendiendo cada minuto de mi existencia con su presencia.
Me dio vuelta y me abrazo sin decir nada mas.
Yo no estaba de humor para este tipo de juegos, solo quería obedecer mis impulsos y sin pretextos.


Opte por hacer todo con prisa.
Susurre despacito algunas palabras en su oído, como solía hacerlo antes del postre a la sed de mis antojos.
Intuía perversa que no se resistiría a mi propuesta. Entonces me llevo a ese lugar que tanto me gusta, con un rostro tan inocente que en lugar de ternura suscitaba brutalidad en mis venas.
Una noche fría, árboles en pleno otoño y sus ojos enardeciendo mis delirios; todo allí haciendo música.
Ya mi piel dejaba de escurrirse en gotas de sangre, desconocí la causa de aquello.
Con ansias incisivas controle de a poco su respiración, se convirtió en mi presa; sutil y silencioso parecía disfrutarlo y era eso justamente lo que me obligaba a continuar.
Mis labios se mancharon con sangre, cuando rasgaba su delineada espalda; ya sus manos sujetaban mis pieles con fragilidad y sus gemidos imploraban a mis ganas detenerse.
Las uñas de mis manos se incrustaron fuertes en sus ojos y en toda su humanidad hecha mi templo, destrozándola en las palmas, salpicando tinta roja por todo el lugar, haciendo contrastes con las hojas caídas de los árboles.
Fue mi victima, sometida a una mente maldita.
No sentía remordimiento; solo placer, sosiego y la satisfacción se apoderaba de mis carnes al ver correr la muerte tan cerca de los poros de mi cuerpo, dejándome helada.
Sonreía frenéticamente, mientras me acaloraba en las sabanas de la cama y los rayos del sol se colaban a través de la cortina de mi habitación; convenciéndome de la realidad.
Una visión larga y desatinada, donde me convertía en la maníaco demencial que escribe irónicamente su sueño.
 
Última edición:
"una noche fría" mi querida Lunita y muy gore...interesantes y fuertes imágenes...te dejo un cálido abrazo y mi cariño de siempre...gracias por compartir...Mariela
 

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