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-Maldito punto-

Kiko Cabanillas

Poeta asiduo al portal
Si, efectivamente, había matado a una persona. Pero nadie se enteró.
Él me intentó atracar en un callejón, forcejeamos y acabé clavándole su propia navaja.
Si no fuera por lo que hice después lo declararía.

El caso es que tras el primer navajazo, mi atacante cayó al suelo y permaneció con la mano en el estómago, donde le había herido. Me abalancé sobre él y continué apuñalándole dos, tres...
Cuando ya no se movía me aseguré de que había muerto cortándole la yugular.

Limpié el arma homicida y tras limpiar todos los rastros me fui a casa.
Pasó el tiempo y todo volvía a la normalidad.
Pero un día en que estaba escribiendo en mi ordenador, de repente: Un punto negro atrapó mi atención. Estaba en el horizonte y tras concentrarme en el vi la figura de Andrés -así se llamaba-. Y me vi a mi mismo cortándole y apuñalándole.

Pasó la figuración. Y entonces al cabo de una semana, estaba yo haciendo el amor con mi pareja. Y de repente: El maldito punto.
“Qué te pasa cariño”, me preguntó Elisa.
El proceso se repitió en numerosas ocasiones. Cada vez con mayor frecuencia.
El maldito punto me acosaba.

Y yo sabía que para deshacerme de él sólo había una solución.
Así es que atormentado por la fatídica visión decidí declarar que había dado muerte a Andrés en un callejón sin salida.
La policía, el tribunal, el juicio...

Y ya en mi celda pude descansar tranquilo sin el tormento del punto que me atormentase.

Ese punto se llamaba conciencia.
 
Si, efectivamente, había matado a una persona. Pero nadie se enteró.
Él me intentó atracar en un callejón, forcejeamos y acabé clavándole su propia navaja.
Si no fuera por lo que hice después lo declararía.

El caso es que tras el primer navajazo, mi atacante cayó al suelo y permaneció con la mano en el estómago, donde le había herido. Me abalancé sobre él y continué apuñalándole dos, tres...
Cuando ya no se movía me aseguré de que había muerto cortándole la yugular.

Limpié el arma homicida y tras limpiar todos los rastros me fui a casa.
Pasó el tiempo y todo volvía a la normalidad.
Pero un día en que estaba escribiendo en mi ordenador, de repente: Un punto negro atrapó mi atención. Estaba en el horizonte y tras concentrarme en el vi la figura de Andrés -así se llamaba-. Y me vi a mi mismo cortándole y apuñalándole.

Pasó la figuración. Y entonces al cabo de una semana, estaba yo haciendo el amor con mi pareja. Y de repente: El maldito punto.
“Qué te pasa cariño”, me preguntó Elisa.
El proceso se repitió en numerosas ocasiones. Cada vez con mayor frecuencia.
El maldito punto me acosaba.

Y yo sabía que para deshacerme de él sólo había una solución.
Así es que atormentado por la fatídica visión decidí declarar que había dado muerte a Andrés en un callejón sin salida.
La policía, el tribunal, el juicio...

Y ya en mi celda pude descansar tranquilo sin el tormento del punto que me atormentase.

Ese punto se llamaba conciencia.


Buen relato, muy original. Ese punto es necesario para que podamos considerarnos humanos.

Salud y ventura.
 
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