Luis Felipe Ortiz
Poeta recién llegado
Maldito, mil veces maldito.
Maldito yo
y mis silencios que matan,
maldito yo y esta tristeza
que me persigue
hasta en mis mejores días.
Maldita soledad que desciende sobre mí
como un manto sombrío
y me aísla en mi propio sepulcro.
Malditos mis imaginarios y utópicos ideales
de todos humildes de corazón.
Maldito el sol que se devuelve
justo ante mis pies,
dejándome sin sombra,
sin punto de referencia.
Maldita la alegría
que no me da la cara y se burla
entre ironías inconsolables.
Maldito, mil veces maldito.
Maldito yo y mis manos vacías,
maldita mi poesía sin alas,
sin pretensiones de grandeza.
Malditos días que ya son demasiados.
Maldito el tiempo
que me lleva a rastras
y no quiere detenerse
para bajarme de este viaje
en el que no he debido embarcarme.
Maldito yo
y mis silencios que matan,
maldito yo y esta tristeza
que me persigue
hasta en mis mejores días.
Maldita soledad que desciende sobre mí
como un manto sombrío
y me aísla en mi propio sepulcro.
Malditos mis imaginarios y utópicos ideales
de todos humildes de corazón.
Maldito el sol que se devuelve
justo ante mis pies,
dejándome sin sombra,
sin punto de referencia.
Maldita la alegría
que no me da la cara y se burla
entre ironías inconsolables.
Maldito, mil veces maldito.
Maldito yo y mis manos vacías,
maldita mi poesía sin alas,
sin pretensiones de grandeza.
Malditos días que ya son demasiados.
Maldito el tiempo
que me lleva a rastras
y no quiere detenerse
para bajarme de este viaje
en el que no he debido embarcarme.
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