Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Cerradas las cortinas, ausentes las palabras,
absurdas las miradas que no quieren
encontrarse.
Dos muebles con los cajones abiertos,
dos soles lunares, con brillos prestados,
con palabras muertas descomponiéndose
para mas tarde.
Con el dedo en el gatillo, con la otra bala
pasada. Tú me tienes en la mira, yo en la mía y
aguardo el descuido, espero el primer blanco
herrado, para dispararte en la frente primero,
luego al corazón descolgado en mí, certero
como si hubiera estrenado para
esto.
Te veo desangrarte en el suelo y me paso por
encima, no me importan tus ojos
agonizantes, mi orgullo tiene más
filo que tus palabras, mi ausencia te hiere,
como si ardieras en llamas, como si de disolvieras
en acido, como si te hundieras en tu propio fango.
Yo creo que venzo en tus campos amorosos, yo levanto
mi caballo en dos patas, como si ganara algo, con
la espada ensangrentada de tus lagrimas , con mi
armadura incólume y sin mancha.
Violentos los vestidos que porto y desfilo frente a tus
ojos penitentes, violento en sentido de todo, con
las cortinas cerradas, negando la luna, negando el
sol de tu arrullo gatuno, frente a mis huestes
que hacen sitio en nuestra cama.
Venciéndote, sabiéndote derrotada, venciendo
en mi propio campo, golpeando al estado
que habito, dictando y siendo dictador
en mi propio suelo.
Sin el derecho al concierto de tus besos y al
vals de tu cuerpo, me quedo a la sombra de tus ojos
que se recuperan, me quedo al aparo de
tu ley primogénita, la nuestra, la de la primera
mirada, la del primer abrazo, la de la primera
noche desbocada.
Como si todo esto no fuera cierto, como si
este puerto no existiera, como si esta
noche de luna llena fuera falsa, como
si esos barcos de allá fueran espectros
pegados en la paredes de una noche
de bohemia.
De todo eso que nos paso, quedo el oro brillando
el suelo, como la luz de estos cerros, como
el fuego recién prendido, con ese humo
que no sofoca y que espera el calor
del hogar.
Con este día apagado, con esta noche perdida
con estos versos desvelados,
Lo siento.,
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