Sira
Poeta fiel al portal
Doppelgänger
“Aquí estás otra vez. Empezaba a preguntarme dónde te ocultabas.”
Clavada el quicio de la puerta, amparada entre los mundos del ensueño
y la conciencia, saludo a mi pequeña y horrenda Doppelgänger;
a la niña retorcida y desvalida, de ojos fieros como incandescentes ascuas.
Ella, como siempre, tan solo me observa y calla.
Con su mirada empírea, como una espada flamígera.
Con su preñado silencio y sus manos ensangrentadas.
“Ven aquí. Acércate un poco más, chiquilla mía… ven aquí, no pasa nada.”
Yo era la que, en otros tiempos remotos, huía espantada por ella.
Hoy me arrastro detrás de su esquiva sombra, corriendo sin tregua,
comprendiendo al fin que, entre ella y yo, se entreteje la misma materia.
La misma persona, pasado, presente y futuro. Nuestro mismo nombre.
“Aquí estás otra vez. Empezaba a preguntarme dónde te ocultabas.”
Clavada el quicio de la puerta, amparada entre los mundos del ensueño
y la conciencia, saludo a mi pequeña y horrenda Doppelgänger;
a la niña retorcida y desvalida, de ojos fieros como incandescentes ascuas.
Ella, como siempre, tan solo me observa y calla.
Con su mirada empírea, como una espada flamígera.
Con su preñado silencio y sus manos ensangrentadas.
“Ven aquí. Acércate un poco más, chiquilla mía… ven aquí, no pasa nada.”
Yo era la que, en otros tiempos remotos, huía espantada por ella.
Hoy me arrastro detrás de su esquiva sombra, corriendo sin tregua,
comprendiendo al fin que, entre ella y yo, se entreteje la misma materia.
La misma persona, pasado, presente y futuro. Nuestro mismo nombre.
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