Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mañana de paraguas amarillos y trompetas,
de escritura rápida en los renglones del metro,
de barricadas de tinta en las ventanas y farolas,
de contradicciones abiertas en el fondo de los ojos;
con sombreros de ala ancha en el azul sin cielo,
con imaginativos charcos que sueñan con ser gaviotas,
con discursos sin letra que golpeen en las espaldas
aguacero de calmas en los regresos del verde.
Mañana con descansos de otros días de feria,
en la lujuria de la tarde que sobrevive y presiente
la osadía del paraguas, hijo pródigo del sol,
que a veces sin dar la cara
también llora sus derrotas.