josepanton
Poeta recién llegado
MAÑANA moriré y te habré olvidado.
Me libraré de esa jaqueada astrología que me decía:
Que lo nuestro no pudo ser,
por la ominosa intersección de Urano,
de tus inacabables ojos nocturnos,
de tus irresistibles manos.
Desde mi ventana veo serpear la blanca nieve,
sobre las granas tejas de los techos lejanos.
La amarilla playa ciñe el mar de siempre.
Es la hora de partir, es la hora de los pájaros negros que emigran;
picoteando en su huida mis más felices frutas.
Huyendo y desnudando los fríos muelles de mi alma.
Ojos calcinados de no poder mirarte!
Manos ensangrentadas, de no poder tocarte!
Tú, a veces, me tirabas horizontes extraños con tus inacabables ojos nocturnos.
Y yo, salía inútilmente a buscarlos.
Mudo y triste recorro, entre inmóviles casas,
el camino que tú ya sabes.
Quiero celebrar contigo el alba.
De mí boca salen serpentinas de girantes palabras que,
abortadas de silencios, mueren apenas descolgándose de mis labios.
Códigos de sordos sonidos brotan de mi voz,
susurros, que en la noche te buscan.
Indescifrables palabras que sólo tú conoces.
¡No importa que ya no me quieras!
Dulce dolor, el amor no correspondido.
Sólo deseo morir mañana.
Morir, tan sólo mañana.
Después de todo...
Mañana moriré y te habré olvidado.
Me libraré de esa jaqueada astrología que me decía:
Que lo nuestro no pudo ser,
por la ominosa intersección de Urano,
de tus inacabables ojos nocturnos,
de tus irresistibles manos.
Desde mi ventana veo serpear la blanca nieve,
sobre las granas tejas de los techos lejanos.
La amarilla playa ciñe el mar de siempre.
Es la hora de partir, es la hora de los pájaros negros que emigran;
picoteando en su huida mis más felices frutas.
Huyendo y desnudando los fríos muelles de mi alma.
Ojos calcinados de no poder mirarte!
Manos ensangrentadas, de no poder tocarte!
Tú, a veces, me tirabas horizontes extraños con tus inacabables ojos nocturnos.
Y yo, salía inútilmente a buscarlos.
Mudo y triste recorro, entre inmóviles casas,
el camino que tú ya sabes.
Quiero celebrar contigo el alba.
De mí boca salen serpentinas de girantes palabras que,
abortadas de silencios, mueren apenas descolgándose de mis labios.
Códigos de sordos sonidos brotan de mi voz,
susurros, que en la noche te buscan.
Indescifrables palabras que sólo tú conoces.
¡No importa que ya no me quieras!
Dulce dolor, el amor no correspondido.
Sólo deseo morir mañana.
Morir, tan sólo mañana.
Después de todo...
Mañana moriré y te habré olvidado.