BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era un tronco de leña antiguo,
su pecho dormido, un abrigo
de invierno, su lecho angustioso,
una lechuza blanca,
las paredes de la habitación, un
cementerio de palomas, la agitación
de su respiración.
Una tarde de enero, las semillas de sol
que dispersaba, la acequia inundada
de viento, su sexo convulso y confiado,
sus muslos, entre los míos enredados,
una plaza eterna sin bandera.
Y esa extrañeza de ver su rostro,
cada mañana, pegado al mío, con
su dura maleza, y su mosto hueco y vacío.
©
su pecho dormido, un abrigo
de invierno, su lecho angustioso,
una lechuza blanca,
las paredes de la habitación, un
cementerio de palomas, la agitación
de su respiración.
Una tarde de enero, las semillas de sol
que dispersaba, la acequia inundada
de viento, su sexo convulso y confiado,
sus muslos, entre los míos enredados,
una plaza eterna sin bandera.
Y esa extrañeza de ver su rostro,
cada mañana, pegado al mío, con
su dura maleza, y su mosto hueco y vacío.
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