Pablo Londoño Larrea
Poeta recién llegado
Manantial de suspiros
A S.G.T.
Sé que nací para escucharte, aunque antes de tus frases haya sido un sordo. Sé que nací para buscarte, aunque al encontarte empezó mi vida. Solo después de tu voz un mar entero llenó mis oidos. Tú, un océano de versos, un manantial de suspiros.
De tardes serenas, bajo el palmar que fue testigo de la adicción a tus caricias, se llenan mis recuerdos. Instantes en los que tus dedos tejían cosquilleos para mi piel, y mis labios enredaban besos para tus manos. En noches que ansiaba verte de nuevo y en días que la emoción nos dejaba tartamudeando, te pensaba. Te hablé con mis susurros, nos miramos con misterio.
Sé que nací para mirarte, aunque solo tus ojos definen esa palabra; llenan de luz un campo de rosas que embriagan a cualquiera con su perfume. Cada destello que reflejan tus pupilas es una estrella en mi universo; un universo que es tuyo, un universo que es nuestro.
Mis sueños secretos se cumplen al estar cerca de tus labios. Divino pecado, oscuro deseo. Un abrazo expectante al latir de tu corazón, y mil mariposas revoloteando cuando te veo.
Sé que nací para escucharte como la música que más anhelo. Sé que nací para admirarte en cada mañana y en cada desvelo. Solo después de tenerte supe amar lo prohibido. Tú, mi océano de versos, mi manantial de suspiros.