Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Manantial de versos recorren mis venas
y en remolinos bulle encantado
para hechizar con la magia de mi río,
riachuelo diáfano y cristalino
que emerge ansioso desde mi boca.
Manantial tu sonrisa,
que se cuela bajo mis pestañas
y hacen de mis días un claro de luna,
que se va tejiendo entre hilos de plata,
que van rodeando mi mirada enarbolada,
hasta quedar exhausto desde mi pecho a tu entrada.
Esteros dulces se acogen en sortilegio,
para acariciar con toques sutiles el alba
liándote hermosa en mi sienes,
hasta enrollarme hilvanado en tu envolvente mirada dorada,
haciendo de la nada sólo una palabra.
Emanas delirante entre cojines y almohadas
que van cogiendo blandito mi esperma entre las sábanas
y la sensatez hace caso omiso a sus quebrantos,
para dejar paso a la locura del alma,
que nos deja en el umbral de su posada.
Manantiales, esteros, riachuelos,
se gritan atropellando entre mis arterias,
para desembocar curativos entre mis llagas
confundiéndose exquisitos entre mis aguas
que comienzan a mostrarse cristalinas,
en este mar que no temas bañarte desnudada
y en remolinos bulle encantado
para hechizar con la magia de mi río,
riachuelo diáfano y cristalino
que emerge ansioso desde mi boca.
Manantial tu sonrisa,
que se cuela bajo mis pestañas
y hacen de mis días un claro de luna,
que se va tejiendo entre hilos de plata,
que van rodeando mi mirada enarbolada,
hasta quedar exhausto desde mi pecho a tu entrada.
Esteros dulces se acogen en sortilegio,
para acariciar con toques sutiles el alba
liándote hermosa en mi sienes,
hasta enrollarme hilvanado en tu envolvente mirada dorada,
haciendo de la nada sólo una palabra.
Emanas delirante entre cojines y almohadas
que van cogiendo blandito mi esperma entre las sábanas
y la sensatez hace caso omiso a sus quebrantos,
para dejar paso a la locura del alma,
que nos deja en el umbral de su posada.
Manantiales, esteros, riachuelos,
se gritan atropellando entre mis arterias,
para desembocar curativos entre mis llagas
confundiéndose exquisitos entre mis aguas
que comienzan a mostrarse cristalinas,
en este mar que no temas bañarte desnudada