ELECTRA
Poeta fiel al portal
"MANCILLADA Y HERIDA"
El viento los llevó a tu hogar
en corceles de hierro
y con el hierro en las manos,
y sin decir sus nombres,
ni la razón de su ira,
irrumpieron en tu casa
desgraciándote la vida
¿Tenían derecho?
No lo sé,
pero sí licencia para mancillarte,
para socavar en lo más íntimo
de tu intimidad,
para deshonrar tu dignidad,
para saquearte y ultrajarte.
Hoy,
cuando te has resignado,
después de tanto llorar de hinojos
alzando al cielo tus manos,
después de pelearle a la vida
por la injuria que te sajó tal herida,
después que te robaron el sueño
y todo lo que tenías.
Hoy,
cuando ya nisiquiera eres un nombre
si no un número más
en la lista de masacrados,
una víctima más de la indolencia
en un sistema que no tiene conciencia.
Hoy,
cuando las razones ya no importan,
cuando aquello que antes eras
fue arrojado por la borda,
de nada valen los lamentos
o las lágrimas marchitas,
de nada vale quejarte
si no hay quien quite de tu cuerpo las espinas,
sólo tú puedes arrancar
aquello que te lastima,
inventar de nuevo aquellas fuerzas
que fueron por el tiempo consumidas,
aceptar que del ayer
tan sólo existen cenizas
y remar en otra barca,
mientras quede algo de vida.
El viento los llevó a tu hogar
en corceles de hierro
y con el hierro en las manos,
y sin decir sus nombres,
ni la razón de su ira,
irrumpieron en tu casa
desgraciándote la vida
¿Tenían derecho?
No lo sé,
pero sí licencia para mancillarte,
para socavar en lo más íntimo
de tu intimidad,
para deshonrar tu dignidad,
para saquearte y ultrajarte.
Hoy,
cuando te has resignado,
después de tanto llorar de hinojos
alzando al cielo tus manos,
después de pelearle a la vida
por la injuria que te sajó tal herida,
después que te robaron el sueño
y todo lo que tenías.
Hoy,
cuando ya nisiquiera eres un nombre
si no un número más
en la lista de masacrados,
una víctima más de la indolencia
en un sistema que no tiene conciencia.
Hoy,
cuando las razones ya no importan,
cuando aquello que antes eras
fue arrojado por la borda,
de nada valen los lamentos
o las lágrimas marchitas,
de nada vale quejarte
si no hay quien quite de tu cuerpo las espinas,
sólo tú puedes arrancar
aquello que te lastima,
inventar de nuevo aquellas fuerzas
que fueron por el tiempo consumidas,
aceptar que del ayer
tan sólo existen cenizas
y remar en otra barca,
mientras quede algo de vida.