AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
MANIÁTICO QUE BESABA CASI TODO.
En un tiempo, en que fui más maniático, que ahora, me dio por besar a todo lo que se me ponía en frente, por ejemplo, las botellas de ajenjo, las besaba constantemente, a un piano azul, que había sido abandonado, lo besaba casi todos los días, a un saxofón metálico y amoroso lo besaba de tarde en tarde, había un gato pardo, que se me aparecía por los aleros y también recibía mis besos, a la perra de mi vecina, le daba besos cuando me sonreía y se acercaba con su cola rítmica, pidiendo mis caricias, besaba a la anciana que sabía orar por mí, besaba a Guadalupe del Tepeyac, en mis sueños universales; un día quise besar a la Profesora de Derecho de Obligaciones, pero esquivo mi trompa, y entonces besé un pájaro que moría luego de chocar con un cristal de ventana... Una vez, luego de besar el pasto y un árbol caído, encontré a un hortelano y lo besé, encontré pescadores y besé al mar y sus lanchas, nadando encontré una sirena y mi beso la encantó tanto, que dejó de cantar. Había besado casi todo y la manía no disgustaba a nadie. Hasta que una tarde soñando ensueños, encontré a una chica de cabellos sueltos y sonrisa alegre, que al verla deslumbró a mi saxofón y a mi guitarra, que quiso cantar para ella; y fui lentamente acercándome a sus labios carnosos y rojos como una rosa encarnada en su rostro y cerrando mis ojos la bese con ternura y ocurrió algo extraño, que me apartó de esa manía de besarlo todo, la bella cuando recibió mis labios empezó a transimutarse y a reducirse en su estatura y dimensiones biológicas y a cambiar su piel de color, de moruna a verde y de un momento a otro sus ojos se redondearon y cambaron, también de color y en término de siete minutos la Principessa, se había convertido en una RANA, olímpica, saltaba de contento, porque una bruja la había convertido en Princesa, para hechizar labios besadores como los míos, que por manía besaban casi todo...
A partir de esa tarde, me hice menos maniático, y dejé de besar todo lo que se me ponía al frente. Hasta hoy, no sé qué aconteció con la rana; pero yo dejé de besar casi todo.
augus 12 febrero 2017.
En un tiempo, en que fui más maniático, que ahora, me dio por besar a todo lo que se me ponía en frente, por ejemplo, las botellas de ajenjo, las besaba constantemente, a un piano azul, que había sido abandonado, lo besaba casi todos los días, a un saxofón metálico y amoroso lo besaba de tarde en tarde, había un gato pardo, que se me aparecía por los aleros y también recibía mis besos, a la perra de mi vecina, le daba besos cuando me sonreía y se acercaba con su cola rítmica, pidiendo mis caricias, besaba a la anciana que sabía orar por mí, besaba a Guadalupe del Tepeyac, en mis sueños universales; un día quise besar a la Profesora de Derecho de Obligaciones, pero esquivo mi trompa, y entonces besé un pájaro que moría luego de chocar con un cristal de ventana... Una vez, luego de besar el pasto y un árbol caído, encontré a un hortelano y lo besé, encontré pescadores y besé al mar y sus lanchas, nadando encontré una sirena y mi beso la encantó tanto, que dejó de cantar. Había besado casi todo y la manía no disgustaba a nadie. Hasta que una tarde soñando ensueños, encontré a una chica de cabellos sueltos y sonrisa alegre, que al verla deslumbró a mi saxofón y a mi guitarra, que quiso cantar para ella; y fui lentamente acercándome a sus labios carnosos y rojos como una rosa encarnada en su rostro y cerrando mis ojos la bese con ternura y ocurrió algo extraño, que me apartó de esa manía de besarlo todo, la bella cuando recibió mis labios empezó a transimutarse y a reducirse en su estatura y dimensiones biológicas y a cambiar su piel de color, de moruna a verde y de un momento a otro sus ojos se redondearon y cambaron, también de color y en término de siete minutos la Principessa, se había convertido en una RANA, olímpica, saltaba de contento, porque una bruja la había convertido en Princesa, para hechizar labios besadores como los míos, que por manía besaban casi todo...
A partir de esa tarde, me hice menos maniático, y dejé de besar todo lo que se me ponía al frente. Hasta hoy, no sé qué aconteció con la rana; pero yo dejé de besar casi todo.
augus 12 febrero 2017.
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